Capítulo 6

1352 Words
De seguro en este momento Raphael debe de estar que no aguanta la risa por haberme hecho semejante broma, y es que, por más que lo pienso, solo puede ser eso, una broma muy pesada. Él es el tipo de hombre que toda mujer desea, el es un dios del Olimpo y yo, simplemente soy yo, Ana Ritz, sin cualidad alguna. —Ana, ¿en que tanto piensas hija? — preguntó mi madre entrando a mi habitación —en nada, solo miraba lo hermoso que se ve el jardín con las nuevas rosas— le mentí como era de esperarse —sí, Midred me ayuda a regalo cada mañana— sonrió satisfecha —y pensar que no la querías aquí — fui hasta ella —debes de entender, para mí no era fácil aceptar que necesitaba la ayuda de alguien, pero Midred es un encanto — ambas reímos —no estoy aquí para que hablemos del jardín, alguien te busca — puso cara de coqueta —¿quién en me busca? — ¡por Dios que no sea Raphael!, que no sea él —eso deberás averiguarlo por ti misma — se marchó empujando las ruedas de su silla con una gran sonrisa plasmada Me miré en el espejo de cuerpo completo, alise mi cabello y salí a ver quien me buscaba y suplicándole a Dios mentalmente que no sea Raphael —¡Alessandro! Que gusto verte — le abrace —lo mismo digo Ana, ¿cómo va todo? — Ales lucia fenomenal con aquel Jeans y ese suéter tan peculiar que suele usar —todo marcha bien — sonreí y luego me percate que no le había ofrecido asiento o algo de tomar —¡que despistada soy! Toma asiento Ales, ¿quieres algo de tomar? — —no, así estoy bien gracias, en realidad vine a invitarte a la discoteca  Le Feeling, hoy es jueves de karaoke y Kathleen me comentó que te gusta cantar, además ella quedó en ir si tu aceptabas, ¿Qué dices? — movió sus cejas repetidas veces causándome gracia —de acuerdo, solo deja que me vista rápidamente — —aquí te espero— Me coloque un vestido rojo escarlata en seda, con la espalda descubierta y unos largos tirantes en piedra, hice de mi cabello una coleta, me aplique un poco de brillo labial y me calce unas zapatilla doradas. —¡¡lista!! — sonreí —¡wao Ana!... Te vez hermosa— Ales parecía realmente sorprendido —gracias — camine hasta mi madre la cual estaba haciéndole compañía a Ales junto a Midred —nos vemos mamá— miré a Midred —asegúrate de que no se quede despierta a esperarme — —haré mi mejor intento— Midred sonrió —nos vamos en mi auto — Ales se adelantó —bien — me senté en el asiento del copiloto y Ales encendió el auto Le escuché carraspear un poco —antes que nada, hoy es mi cumpleaños — iba a hablar pero me detuvo haciendo un gesto —e iremos hasta mi fiesta— —¿Porqué no me habías dicho nada? — fingí estar molesta —Kathleen me comentó que este tipo de actividades no son lo tuyo así que te mentí para que pudieras asistir— —no me refiero a eso, hablo de tu cumpleaños— le mire divertida —ya te estas poniendo viejo Ales, ¿cuántos son, treinta? — —treinta y dos — dijo con orgullo y nos introducimos en las calles —y estas un galán, quien dice que eres doctor, no aparentas pasar malas noches— ambos reímos y así pasaron los minutos hasta que llegamos a la entrada de Le Feeling, aparcamos y yo me coloque en la fila de la fila —¡ANA! ¿QUÉ HACES? — vi a Ales que iba directo a la entrada y camine hasta él —TODOS ESTÁN ADENTRO— el ruido salía hasta afuera, a eso se debía que Ales estuviera gritando. Pará poder entrar le mostró un gafete al hombre de seguridad y este quito el cordón para que pasemos, nos detuvimos un momento en la entrada hasta ubicar el grupo y una vez resuelto, nos unimos a la fiesta —PENSÉ QUE NO VENDRÍAS — Kathleen se me acercó con un vaso —¡OYE, PENSÉ QUE ERAS MI AMIGA! — hice un puchero —PRECISAMENTE POR SERLO, LE PEDÍ A ALESS QUE TE BUSCARÁ… TE MERECES UN POCO DE DIVERSIÓN — alzó su vaso y bailo un poco, pero dejó de hacerlo al ver que yo aún estaba estática —VAMOS ANA, QUITA ESA CARA Y DISFRUTA— sonreí un poco y simule mover mis vaderas. Luego de varios tragos fui al baño junto a Kathleen —ERES ÉL CENTRO DE ATENCIÓN EN LA FIESTA ANA— Kathleen realmente estaba ebria —Kathleen, no tienes que gritar, aquí no se escucha tan alta la música —perdón — fue hasta el servicio —Ana, has visto como te ve Ales, podría jurar que esta enamorado de ti— escuche el sonido de descarga —en definitiva, ya estás ebria — salió tambaleándose del cubículo —¡Claro que n-no Ana! ¡Mírame! Estoy como un-nueva — iba a caerse —¡Ups!— rio a carcajadas —eso no es nada — —vamos, te llevaré hasta tu casa — la tomé del brazo —Ana— y de repente vómito y me vio con cara de timidez —soy estoy un poquito borracha… Un poquito no más — tome papel higiénico para limpiar su rostro, la apoye sobre mí y salimos como pude hasta el grupo —¿QUÉ PASÓ? — interrogó Ales —YA NO DA PARA MÁS… IRÉ A LLEVARLA— —YO LAS LLEVO— se acercó hasta donde estábamos —NO TE PREOCUPES, ELLA TRAJO SU AUTO Y YO ESTOY EN EXCELENTES CONDICIONES PARA CONDUCIR— salimos —Kathleen, no es momento de dormirse, ayúdame— aaasgh Camine tanto como mis tacones y el peso de Kathleen me permitieron, pero justo cuando pasábamos por un auto tropecé cuando el conductor abrió la puerta —¡¿es que acaso no miras el maldito retrovisor antes de abrir la puerta?! — si, estaba molesta, jodidamente molesta, caímos al suelo por culpa de un estúpido que —disculpe, pero usted debió de ver que el auto tenía las luces de precaución encendidas— cerré mis ojos, entre todas las personas de Francia, en toda la ciudad de Niza, tenía que ser él, entremedio de todo este caos ¿era necesario encontrarme con él? Me puse de pies y ayude a Kathleen a hacerlo y reanude el camino sin mirar hacia atrás —y encima se marcha dejándome hablar solo— —si, como quieras— seguí caminando —¿Ana? — apresure un poco más mis pasos, pero estos eran inestables —creo que necesitas ayuda— tomo a Kathleen por el otro lado —no necesito que me ayudes Raphael, yo sola puedo — mi orgullo pudo más —de acuerdo— sentí todo el peso sobre mi nuevamente y me lamenté de lo dicho —Kathleen— le llamé entre susurro —me vendría bien un poco de ayuda, despierta — me detuve —¿segura que no quieres que te ayude? — escuche la voz de Raphael —esas cosas no se preguntan, si ves a una persona en apuros simplemente le ayudas y ya, sin importar qué — suspiré —las llevaré — cargo a Kathleen —no es necesario, traje mi auto— —y, ¿cómo piensas bajarla? — —bien, solo llevaremos a mi amiga, yo de ahí tomaré un taxi hasta mi casa— le abrí la puerta trasera de su auto e introdujo allí a Kathleen y luego cerró la puerta. Se acercó peligrosamente hasta mí invadiendo mi espacio —no vuelvas a decirme que no o musitar pero alguno en lo que resta de la noche — sentenció con voz autoritaria y mirándome con severidad.  
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