—Viaje de placer, querida.—Dice la prometida o más bien, el nuevo trofeo de Damián.
—Perfecto, si me disculpan tengo mejores cosas que hacer.—le digo a Damián cuando intenta tomar mi mano.
—¿A dónde crees que vas, chiquita? Sé que no me has superado, pero… Ya paso bastante tiempo. Tus padres y yo estamos preocupados por ti porque desde que rompimos no has vuelto a ser la misma—¿de verdad? ¿Mis padres? No lo puedo pensar, este tonto aún habla con mis padres.
—¿De verdad Damián? Mis padres y tú pueden irse al carajo, es más, ella también puede irse al carajo.— estoy a punto de alejarme cuando me gira y me abraza.
—¡Quita tus asquerosas manos de mí!— grito casi llorando.
—Por favor, Ami. Concéntrate, no me ataques y ya supéralo, no puedes estar todo el tiempo odiándome por ser perfecto y tú… tú una poco cosa— lo dice con desprecio y su Barbie también me ve de pies a cabeza.
—¿Sabes qué? No extraño nada de ti, orgullosa te lo digo. Me di cuenta de que contigo fui infeliz, me pisoteaste todo el tiempo sin yo merecerlo y ahora, ahora soy una mujer feliz haciendo lo que me gusta y cuando lo quiero— Alterada tomo la bebida de alguien más y se la tiro en la cara.
—Pero, ¡¿qué hiciste?! Eres una loca y una zo…— llega Lúh a salvarme de este miserable.
—¿Qué le estás haciendo a mi amiga? Déjala en paz. Sigue tu camino y deja de una vez por todas a que Amaranta sea feliz.— diciendo esto último, Lúh me toma de la mano y me lleva hasta la barra.
Estoy tan molesta, mis ojos se aguaron y quieren echarse a llorar, pero no quiero mostrar que si me afecta el solo hecho de verlo y por su nombre. No es porque lo ame, eso ya murió, sino que, me duele todo el tiempo que perdí y me deje hacer tanto daño.
—¿Estás bien, Amari?— dice Lúh preocupada.
No quiero arruinar la noche. En serio que no.
—¡Sí, estoy bien, hermosa! Sigue bailando y no hagas esperar a ese bombón por ti. —le regalo una sonrisa enorme para que ella se quede tranquila. La verdad se ve emocionada con ese moreno.
—Está bien, pero por favor si te sientes mal no dudes en buscarme en la sala VIP. —diciendo esto último, me abraza y se aleja para seguir bailando.
Le pido al bar tender que me dé dos tequilas sunrise para ambientarme y quitarme el mal sabor de boca que me dejó el discutir con Damián, en lo que no me arrepiento es en haberle dañado la ropa que traía. Es un tonto.
Ya perdí la cuenta de cuantos shots me he tomado y ya mi cuerpo pide bailar y es ahí cuando todo se descontrola.
Voy dándome la vuelta para bailar con un shot en la mano y ¡Dios, Dios, Dios!
Derramo la bebida en la gabardina de alguien, un hombre de aproximadamente metro ochenta y ocho, blanco, cabello n***o noche, ojos grandes color azul y una sonrisa de oreja a oreja. Su cuerpo hercúleo deja al pensamiento ser pecaminoso en todos los sentidos. Es perfecto y una dulce tentación.
—Perdón, yo… Lo siento es que no le vi.— Genial, con ese balbuceo que apenas formuló una oración, creerá que soy una retardada.
Me brinda una sonrisa matadora, sus labios color carmesí a juego con su dentadura blanca perfecta, hacen que delire estando despierta.
—Puedo perdonarte si hacemos un trato—Su voz varonil demandante hace a que mis bragas se humedezcan.— Sé que soy hermoso, deja de verme así.—Terminando él de decir eso me baja de la nube en la que ya me había subido.
Este hombre tiene un ego tan grande, ¡Qué arrogante!
—No te estoy viendo. Ni hago tratos con desconocidos. Perdón por derramarte tequila en tu gabardina. Disculpa, iré a pedir otro trago porque arruinaste el que llevaba.— Se ríe pícaramente cuando me doy la vuelta a ir nuevamente a la barra.
Me siento y veo de reojo que él se sienta a tres espacios de mí.
—Dame otro tequila Sunrise, por favor.
Le digo al bar tender que de inmediato prepara la bebida, siento como los ojos de ese hombre me penetran hasta los huesos, esa mirada que me tensa el cuerpo y mi sangre empieza a colarse en mis partes sensibles y a causar una sensación en mi vientre. Un calor que no había sentido antes.
Veo de reojo como quiere acercarse a mí y llega el bar tender y me da mi trago, empiezo a beberlo cuando por algún motivo y el destino empiezo a toser, regando todo el tequila en la barra y ¡j***r! Soy un desastre con pies y pelos.
Cuando estoy limpiando siento como su voz recorre mis sentidos, su delicioso olor a cítricos y madera, ponen en alerta mi ser.
—Mala noche, ¿no? Creo que no te sienta bien el ser pelirroja… Hubiese sido mejor que fueses rubia.— Sonriente y arrogante, pasa su brazo directo a la barra y recuesta su cabeza en él.
—Eso fue ofensivo ¿sabías?... Además, ¿qué te importa si es una mala noche o no? —lanzó con veneno mi comentario.
Es guapísimo lo sé, pero que arrogancia j***r.
—Ese tarado de allá está mirándote demasiado y la verdad es que… No me gusta que vean lo que yo vi primero.— con su tono de voz sexy me enciendo de inmediato.
—¿De qué tarado hablas? ¿Del idiota que está bailando como Mickey Mouse en su magic show?
Y sí, es el imbécil de Damián con sus pasos ridículos de baile.
—¡Exacto!, podemos ir a bailar y enseñarles como se hace, ¿me concederías esta noche bailar, aunque sea dos canciones?— me lo dice de una forma sensual y es que ¿cómo decirle que no?
Me pongo de pie dándole la mano y corriendo a la pista donde todos bailan al unísono de Rubio y su hit Ir. Todos bailan sensualmente y yo ni siquiera le sé el nombre a este bendito hombre que me está sacudiendo todos los sentidos.
—¡Que bien bailas, ma belle! Eres exquisita…— lo dice cerca de mi cuello, mordiendo mi oreja lentamente.
No me di ni cuenta del momento en que estuvimos bailando tan pegados, yo no sabía que bailaba tan sensual y solo de ver a ese hombre tan deliciosamente guapo, recorriendo mis caderas con sus grandes y suaves manos, sentir su respiración tan cerca y los latidos de su corazón, fue el éxtasis de la noche.
Veo a lo lejos a Lúh besándose con el moreno de la noche y sonrió descaradamente y veo al otro lado a Damián verme furioso y aunque esté con su prometida es un idiota celoso. Aprovecho lo pegado del baile y le enredo mis brazos en la nuca a este espécimen tan hermoso.
—Ma cherè, puedo ser todo tuyo esta noche… Pídeme lo que quieras que lo haré con todo el gusto del mundo.— aprieta mi cintura y me pega más a su cuerpo.
—Bésame, por favor.— es lo único que logra salir de mi boca.
Inmediatamente, se posa a mi altura y estampa sus cálidos labios contra los míos… Empieza un suave beso, inocente y tierno, pero empieza a tornarse demandante, agresivo y excitante. Se abre paso con su lengua y empieza la danza de las mismas a exigir más que un beso.
Siento el bochorno acrecentarse en medio de mis piernas y me separó un poco del desconocido cuando este me toma del brazo y se acerca a mi oído diciéndome claro y conciso: —Vámonos de aquí, ahora o no respondo por lo que pueda suceder…— me besa la frente y solamente me dejó llevar.
Desaparecemos de la vista de todos, estoy ebria, feliz y excitada y así no puedo formular ni quien soy.
Salimos al parqueadero y me invita a subir a su auto, un Lamborghini color n***o, divino y ostentoso digno de él.
—Sube ma belle, está noche sabrás lo que es bueno.— me dice abrazado a mi cintura.
Subimos al auto y en el camino vamos flirteando descaradamente, veo mi teléfono que está vibrando en mi bolso y recuerdo que deje a Lúh sola, sé que puede cuidarse, pero aun de esta manera se preocuparía por mí y por no saber dónde ni con quien estoy.
Rápido saco el celular y tecleo un texto rápido:
“No me esperes despierta, hablamos mañana por la mañana. Estoy bien, pásala increíble también.”
Envío el mensaje y me centro en la mirada del pelinegro ojiazul y veo que ya llegamos a lo que creo es su pent-house.