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1083 Words
Si él me olvida, excelente. También podré hacerlo. ?? Mamá dejó una nota sobre la mesada de la cocina diciendo que no pasará la noche aquí. Me quedaré en casa de Anthony. Iremos a cenar. Te compré los fideos chinos que tanto te gustan. Están en la heladera. Llámame si necesitas algo. Mamá. Últimamente mamá sale más que yo. No la culpo, el amor hace de nosotros un enjambre de emociones incontrolables. Me di una ducha al llegar a casa, fría y larga como para olvidar todo. Está bien, mi mente susurró, yo puedo con esto. Si él lo quiere así y si yo lo quiero así, entonces no hay motivo alguno para que me de una oportunidad con alguien más. O quién sabe, a lo mejor es el momento necesario para encontrarme y conocerme mejor. Decidida a terminar con los ejercicios de la guía de cálculo, me siento en mitad de la cama deshecha con un short de tela y una básica blanca. Me ato el cabello en una coleta pequeña y comienzo a hacer los ejercicios. Me llevo el chocolate a la boca para ahogar las penas. Sin embargo, nada me resulta bien, los números me dan grandes y dejo algunos cálculos sin terminar. Salto en el lugar en cuanto algo impacta contra mi ventana. Sin dudarlo ni un segundo, me fijo que fue aquello. Otro golpe. Menos mal que el vidrio es fuerte. Al abrir la ventana me encuentro con Aaron mirando hacia aquí, con una piedra en la mano lista para ser lanzada. Hay un coche aparcado al otro lado de la vereda. —¿Tienes un momento para hablar?—pregunta. —¿No era más fácil tocar timbre? Se encoge de hombros dejando la piedra libre. —La verdad no—responde—Quise ponerle un toque de melodrama a esto. ¿Qué dices? Me lo pienso antes de cerrar la ventana y bajar para abrir la puerta. Descalza y todo, una vez que Aaron está frente a mí con unas bermudas beings y una camisa negra, la curiosidad me carcome las entrañas. Con una mano en el pomo y la otra sosteniéndome de la pared, pregunto: —Pensé que me odiabas. —Lo mismo pensé. Pero hey…—se acerca a mí y mira dentro de casa—La vida es muy corta para estar peleados. Sonrío. Me aparto para dejarlo entrar. Él camina como si fuese un tigre entrando en una nueva jaula, un ambiente desconocido pero llamativo. Cierro la puerta detrás de mí y dejo la llave en el sillón. Aaron se pasea lentamente mirando las fotos de la familia. —Tu casa es bonita. —Gracias… —¿Tu madre nos va a interrumpir como la otra vez? Camino hacia él y le saco la foto que tomó del mueble. —Mi madre vendrá pronto—miento. —Entonces haré esto rápido. Pero antes…¿tienes agua? Me muero de sed. Me sigue a la cocina y espera contra la mesada mientras que dejo que el agua helada caiga dentro de la copa. Me quedo allí viéndolo, sentada encima del mármol. Me sorprende la velocidad con la que tomó el agua. —Perdona la hora—se disculpa—No tuve tiempo antes. —¿Por qué faltaste? —Tuve que hacer unos...encargos—dice dudando si decirme la verdad. —¿Encargos o tus encargos? —De ambos. Mi madrastra tuvo que viajar al norte por mi tía. Asuntos familiares. Así que la acompañé hasta el aeropuerto. Luego...resumiendo, tuve que sacarle información a cierta persona—me señala—Tú y yo terminamos mal la vez pasada, en la fiesta. Me cruzo de brazos. —Siento lo que te dije—susurro—Estaba borracha y… Se ríe. —Dicen que los borrachos y los niños dicen siempre la verdad. No te preocupes, lo entiendo. —¿Qué entiendes? Se queda en silencio por unos segundos. —Además de que estás involucrada en un problema sin salida...entiendo que no tengo oportunidad contigo. —¿Para eso viniste aquí? Se ríe y alza las manos demostrando su inocencia. —Tenía que intentarlo. Cambiando de tema—se acerca a mí y dice—¿Siguen en pie las clases de cálculo los jueves? Mis manos se aferran a la mesada. —Nunca dijiste que no. —Nunca dijiste que sí. Vuelve a acercarse. Su cuerpo queda pegado al mío y permito que sus manos me tomen de la cintura. Tal vez esta es la distracción que busco para olvidarme de Scott. Intentar algo con alguien más. Si a él le resultó posible, ¿por qué no a mí? Los ojos mieles de Aaron me miran tratando de descifrar lo que estoy pensando. —Los jueves entonces—digo yo—A las cinco. —¿Tu casa o mi casa? Teniendo en cuenta que mamá asiste a los turnos tarde los miércoles y jueves y que estar sola con Aaron no resultaría nada bueno, exclamo: —Tu casa. Aaron asiente con la cabeza. Entonces sonríe. —¿Qué es tan gracioso?—pregunto. —Lo siento. Tengo una mente...sucia. —Oh. —¿Soy el único que pensó que estamos arreglando para...tener sexo?—ante mi silencio, prosigue:—En fin—se separa de mí y señala la puerta—¿Quieres jugar al detective conmigo? Yo me río. —Eso también sonó a… —Sí, la verdad que sí. Se rasca la nuca. —¿Por qué siempre terminamos hablando de sexo?—pregunto. Él se encoge de hombros. —Tal vez tengamos ganas... ¿No es eso lo que hacen ustedes, los humanos? Se acuestan con alguien más para saciar las ganas. Sin poder dejar el pensamiento a un lado, camino al comedor. Aaron me sigue de cerca. —¿A quién tenemos que entrevistar? —A nadie—informa y ambos quedamos en cada punta de la mesa—Es miércoles—aclara—Los padres de Catherine asisten a una cena familiar todos los miércoles. —¿Cómo sabes eso? Viene a mí y me empuja para las escaleras. Sube conmigo tomándome la mano. Me sorprende la libertad con la que se maneja en casa. —Te lo diré en el camino. Ahora vístete...es hora de la acción. Lo miro de reojo. —¿Alguna vez te dije que eres el chico más raro que conozco? Veo un brillo en sus ojos. —Tú no te quedas atrás.
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