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1041 Words
—¿Tu madre a que hora regresa? —Solo conduce. Aaron pisa el acelerador una vez que el semáforo cambia a verde. Pongo la ventilación del aire acondicionado para que me de en el rostro. Cierro los ojos y dejo escapar un leve gemido. —¿A dónde fuiste luego de la pelea?—pregunto—Vino la policía y me fui con Audrey. Siento no haberte esperado. Aaron se tensa en el lugar. —Harry nos llevó a casa—es todo lo que dice. —¿De dónde...cómo supiste que Scott es un demonio? —Trucos. —¿Te harás el misterioso ahora? Observo por la ventanilla concentrada en las casas pegadas, iguales una al lado de la otra. Tienen un ático por la terminación en v invertida del techo con una pequeña ventana circular. Me doy cuenta que estamos llegando a los barrios altos. Lo que me lleva a pensar que Catherine, siendo de una mediana familia, vivía como mejor le resultaba. —No estoy haciéndome el misterioso. —Entonces cuéntame—aprovecho el viaje para sacarle información sobre su familia. Me mira de reojo. —¿Por qué tendría que contarte sobre mí? —Trabajamos juntos, ¿no? Somos un equipo. Permanece en silencio por unos cortos minutos hasta que suspira rendido. —¿Qué quieres saber? —Todo. —Todo no es una palabra exacta. Me cara de pensativa le genera risa. —¿De dónde eres? —De California—responde— del Sur. ¿Y tú? —Siempre viví aquí en FallStreet. —¿Y no quieres irte a otro lado? Nunca nadie me preguntó algo así y yo nunca lo tuve en cuenta. Quiero decir...si tuviera la posibilidad de irme, con gusto lo haría. Tal vez a otros continentes, a Europa o a Oceanía. Sin embargo, hay cosas que atan a uno a su pueblo. Ya sea familia, amigos, inconvenientes… —¿Por qué mentiste?—pregunto y él aprovecha el semáforo en rojo para verme. —Nunca te mentí. —Dijiste una vez que tu madre murió en un accidente de tránsito. Pero ella está viva, ¿cierto? Fue tu padre quién murió. Se relaja contra el asiento. —No mentí en eso—responde—Harry y yo somos de una madre. Payton y Den de otra. Papá fue asesinado. Mi madre, la primer mujer de mi padre...ambos se casaron después de que yo haya nacido. Mamá murió en un accidente de tránsito. Dijeron que fue suicidio...ya saben lo que dicen los polis cuando no encuentran un culpable. Seis años después Luhan mató a papá. —¿Y con quién vives? —Con Gareth y Lindsey—dice sin pensarlo—La madre y el padrastro de mis hermanos menores. —Oh. Cuando la luz cambia a verde, gira a la derecha en una curva. —¿Y por qué viniste aquí? California debe ser lindo para vivir. —Necesitábamos un cambio. Con las pérdidas en la familia, Lindsey no dudó en aceptar en mudarnos. Ahí fue cuando conocí a Catherine. —¿Eran amigos? —Compañeros—pisa el freno en cuanto aparta debajo de un árbol, en la oscuridad. Aprovecha entonces el silencio y se inclina hacia mí—Pero también más que amigos. Me guiña un ojo y sale del auto. Yo hago lo mismo. Aaron abre el baúl y saca dos linternas. Me entrega una a mí y la otra se la guarda en el bolsillo trasero de la bermuda. Abre un bolso y veo lo que tiene allí: armas de todo tipo, cruces de plata y de oro, crucifijos, biblias por todas partes, frascos de agua y de sal...incluso una estaca y un martillo. —No necesitaremos nada de eso, ¿o sí? Se inclina un poco para llegar a tomar la botella de plástico que sale rodando por el baúl. Una vez que la toma me la tiende y sujeta otra para él, solo que esta contiene una sustancia negra. Cierra el baúl, se pega a mí y me toca la punta de la nariz. —Solo por si acaso. Lo sigo al cruzar la calle. El silencio es tan perturbador y terrorífico que me veo abrazándome a mí misma con un mal presentimiento. Sigo los pasos de Aaron al subir por la acera y cruzar el gran jardín de los vecinos. Solo espero que tenga razón en cuanto a que los padres de Catherine están fuera. Me guía por el costado de una gran casa, con cerca de madera y llena de enredaderas. Hay una luz encendida en el patio iluminando una piscina en calma con el ruido del motor encendido. Aaron prende la linterna una vez que estamos en un pasillo estrecho, sin luz. Tenemos que pasar de a uno por el fino pasillo. — Pensé que entraríamos por delante. —Sí, bueno...siempre es mejor por atrás—se detiene en medio del camino y me sonríe pervertido— Solo por si acaso. Pongo los ojos en blanco y seguimos camino hasta salir por unos arbustos. Nos encontramos con una pared de dos metros. Aaron se agacha y junta sus manos. —Ven, te haré de soporte. —¿Estás seguro de que esta es una buena? Se encoge de hombros. —No es la primera vez que lo hago—y ante mi rostro de preocupación, añade:—Confía en mí. Estás en buenas manos. Suspirando me llevo la linterna al bolsillo del short trasero y pongo un pie en las manos de Aaron. Al girarme para verlo, su rostro queda a centímetros del mío. —No me mires el culo. —Seré precavido. —Hablo en serio, Aaron. —Tú solo...sube—dice con prisa. Y lo hago. Apoyo el pie en sus manos y piso fuerte mientras que me impulsa hacia arriba. Mis piernas se deslizan a lo largo de la pared y mis dedos logran tomar el borde de ella. Con la punta del pie libre alcanzo a apoyarlo en la rama del árbol y hago fuerza con el estómago para elevarme sobre mis brazos. Una vez que mi cuerpo entero está encima de la pared, me giro de manera que mi pecho quede mirando hacia su superficie.
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