Elize se encontraba en el centro de rehabilitación más importante de la ciudad, confiada en que la ayudarían pero solo se dio cuenta que nunca estuvo loca, que solo era una persona muy triste y aquello quizás solo era peor que descubrir que algo andaba mal realmente con su cerebro, porque era consciente de su tristeza. —¿Cuál es tu problema?—le dijo una interna mientras fumaba un cigarro en el patio. —¿Se permite fumar? —preguntó Elize. —No, pero confío en ti—dijo esbozando una sonrisa irónica. —Está bien, no iba a decir nada de todos modos—atinó a decir Elize. —Lo sé. —¿Cómo podrías saberlo? —Porque este no es tu lugar, es mi hogar. —Ahora también es el mío—dijo con gesto epítome. —¿Por cuanto tiempo?—insistió la interna mirando hacia la nada y recostada sobre unos pilare

