Era domingo por la tarde, y Elize se encontraba en su cuarto, postrada, mirando al techo. Podía sentir que su mundo volvía a no tener colores, que volvía a no significar nada, así que tomó una de las pastillas que le había dado Ezra. Y allí, esperó que se le derrame por la mente como si fuera agua fría, todo se comenzaba a esparcir, a silenciar, pero luego, se le hace ver una figura conocida dentro de su propio cuarto. —¿Estás drogada perra? —preguntó Catherina acercándose a su rostro y acercándose a sus ojos para ver su pupila—¿Ahora caíste en las drogas? —Si lo hiciera, ¿podrías culparme? —Honey, no sé como funciona el cableado de tu cerebro. Enzo alguna vez me contó sobre lo que tuvieron que hacer para que no te suicides y comiences a trabajar con ellos, al principio de todo. Eliz

