«No es que no me importa... Es que...» —... no sé cómo salir de ahí...— murmuró cabizbaja para sí misma, entendiendo lo que ocurría con él. Levantó el rostro, encontrándose con la mirada de Esteban que no dejaba de observarla expresando toda la confusión que sentía al no entenderla. —No es que no te preocupa tu vida... Es que...— repitió con una voz lo suficientemente audible para que él la escuchara perfectamente. Por mucho que le desagradase admitirlo, decirlo, para ella, era igual de difícil, pues era justamente eso lo que también le costaba expresar. Era justamente eso a lo que no todavía no estaba dispuesta a ver de si misma. Pero sea, en ese momento no se trataba de ella y sus complejos o miedos, sino de él y sus problemas. De modo que, tomó aire, el suficiente para llenarse los

