—¿Con la cara de cvlo que tengo?¿Te parece buena idea, Esteban?— preguntó por fin, sintiendo su propia voz un tanto ajena a ella e insegura.—... En serio, che... ¿No te importa lo que puedan pensar otros al verme así? ¿No te... Avergüenza..? Esteban ya se estaba habituando a esa inseguridad absurda de parte de ella. Entendía bien que eso, al igual que otras tantas preguntas y suposiciones, solo tenían un simple causal: alguien, por no dar el nombre en específico, había jugado muy bien con la mente de Abigaíl y la había condicionado a ser así, para que no molestara. Apagó el cigarro en el cenicero y salió de la cama, completamente desnudo y sin pudor alguno ¿Qué pudor podría tener después de todo lo que habían hecho en esas pocas horas? —¿Vergüenza de qué? Si no estoy haciendo nada malo,

