La impecable pintura n3gra del coche se encontraba ahora luciendo rayones hechos con algún objeto filoso. Algunas de estas fueron dejadas al azar, otras, formaban palabras que no eran más que insultos sin sentido alguno. El vidrio delantero, junto con el trasero, presentaban enormes quiebres que harían imposible la visión del conductor. En el caso hipotético de que el dueño quisiera hacerlo, claro estaba. Pero eso tampoco sería posible, puesto que, las cuatro ruedas habían sido destruidas con desgarrantes y múltiples puñaladas. Por si fuera poco, el pobre capot del auto se encontraba levantado y completamente abollado, al igual que los faros y... En fin, multitud de cosas más que se podrían resumir en... «¡Me hizo bosta el auto! ¡Hijo'e pvta, ya se va a enterar cuando lo vea!» Se juró

