VEINTE —Dime algo, Marc. Siempre me he preguntado por qué eres abogado defensor y no fiscal. Pensaría que perseguir a los criminales sería una reacción normal a la rabia que sientes por el asesinato de tu madre. —Me lo he planteado durante mucho tiempo, —responde Marc, apelando a sus propios argumentos personales y típicos temas de conversación. “Decidí que el sistema de justicia penal está apilado contra los pobres y los oprimidos. Necesitan un defensor”. —¿Esperas encontrar al asesino de tu madre defendiendo a estos clientes? —sugiere el terapeuta. Marc se lo piensa y asiente ante la posibilidad. “Sigo esperando que quizá ese tipo entre en mi despacho y confiese, sin saber quién soy”. —Quizá lo haga. Cuando menos lo esperes. La conversación de Marc con McMillan meses antes se repit

