— Hola, Irene — dijo la voz de Hugo, y ella pudo percibir una leve sorpresa en su tono. La voz de Hugo al otro lado del teléfono resonaba con una mezcla de sorpresa y cautela mientras saludaba a Irene. Ella, al escuchar su voz, sintió un nudo en la garganta, un torbellino de emociones difíciles de poner en palabras. Su corazón latía con fuerza mientras buscaba las palabras adecuadas para abordar un tema que había estado ocupando sus pensamientos desde hacía tiempo. — Hola, Hugo. Espero no molestarte — respondió Irene, sintiendo un nudo en la garganta, sabiendo que había mucho más que quería expresar en esa llamada, aunque no sabía cómo abordar el tema que la estaba inquietando. — Por supuesto que no ¿Cómo estás? ¿Todo bien? — Irene se tomó un momento para encontrar las palabras adecuadas

