P.O.V. Dante Estamos todos en el jet; llevo en mi mano los papeles. Veo a mis acompañantes que están amarrados muy bien para que no se escapen. —Espero y disfruten su estadía en Rusia; es hora de volver a casa —les digo a todos. —¿Qué harás con nosotros? —me preguntó Ava en un tono desafiante. —Solo recuerda lo que me hiciste hacerle a mi niña y tienes tu respuesta —le respondo con una enorme sonrisa de sanguinario. —Yo te puedo ser de mucha ayuda, Dante, por favor, no me mates —habla Silvana, rogándome. —Dime, si te mataran un hijo, ¿tendrías piedad del asesino? —les preguntó y la miró muy atentamente. Y no me responde. —Sí eso creí. Y tú no te quedas atrás, Fabio, me robaste al que pensé que era el amor de mi vida, me enseñaste la verdadera cara de esta perra, pero no sé, me olvida

