-Sus llaves señorita Spirito- Ezra me da las llaves de la casa y yo ruedo los ojos ante su apodo. -Ezra, te conozco desde antes de nacer, por dios, llámame Mia- Él sonríe y asiente. -Está bien señorita Mia- Se que lo está haciendo para molestarme, a este anciano le gusta rabiarme, demasiado- Debo irme, mi nieto vendrá por la noche a dejar el coche en el garaje, si te molesta solo avísame o golpéalo, te recomiendo la segunda- Sonríe y yo lo abrazo. -Gracias, te prometo que no destruiré la casa ni haré algo malo- Me separo sonriendo y él asiente antes de marcharse- De vuelta a casa... Tomo las llaves y abro la gran puerta de roble, todo se mantiene completamente igual, en lo material, y aunque pueda notarse esta paz y tranquilidad que esta vieja casa transmite, aún falta el sonido de

