Habían pasado dos semanas, dos largas, tristes y tortuosas semanas en las que ni siquiera se como había sobrevivido. En el instituto aún era la víctima de algunos imbéciles para sus malditas bromas. HyukJae no me daba ni la hora. Maldita tabla andante, chimpancé primitivo hice un puchero con mis labios. Hasta el día de hoy me pregunto ¿como se habrá lastimado la mano? Estaba preocupado por él pero no podía acercarme, a parte que la maldita muñeca de silicona no se le despegaba ni a sol ni a sombra, maldita zorra de sexta. — Hey DongHae...—Salí de mis pensamientos al escuchar la voz de Leeteuk —...disculpa por hacerte esperar — — No te preocupes Hyung...—Le dije con una leve sonrisa —...es mi culpa por no avisar que vendría — — ¿Y que te trae por acá? —Me pregunta sentándose a mi lado —

