*LOIS* A pesar de que hacía días que no sentía el tacto de Evan, el calor de sus dedos seguía haciendo hormiguear mi piel de vez en cuando. Sobre todo, cuando estaba sola y trataba de no pensar en él. A esas horas de la madrugada, en el barco reinaba el silencio y subí la escalera de caracol, tratando de no hacer ruido, antes de atravesar el salón principal hacia la cubierta. Las luces exteriores estaban encendidas, pero iluminaban con baja intensidad, y el mar estaba especialmente calmado, parecía una sábana de seda negra, bajo nosotros. Una cinta de ardiente color naranja se extendía por el horizonte mientras el sol amenazaba con inundar en el cielo. Era un amanecer hermoso. Me apoyé en la barandilla, respirando el aire fresco que iba a volverse casi sofocante a media tarde. En momento

