*LOIS* Evan me miraba como si supiera exactamente lo que yo pensaba en cada momento, adivinaba mis necesidades, mis deseos, mi vulnerabilidad, como si hubiéramos conectado en cuerpo y alma. Giré a la izquierda, donde la carretera descendía para conducir a la oficina. No me sentía cansada. Debimos de habernos quedado dormidos en algún momento, porque, cuando me desperté, estaba rodeada por el cuerpo de Evan, de espaldas a él, y había tenido que levantar su pesado brazo de alrededor de mi cintura para escapar. —Buenos días, señorita, Lois. Supuse que no se presentaría, porque suele ser más puntual. —Buenos días, Pat. Es que tuve un tremendo atraso, pero logre estar a tiempo. —De casualidad sabe si el señor Evan vendrá a la oficina. —Sí, él vendrá más tarde, hay algo en el que te pueda a

