Al día siguiente New York Lance El aire frío de la mañana se colaba por la ventana mientras yo llegaba temprano a la oficina. Tenía el corazón latiéndome con fuerza; ese día era crucial, el más importante del año. Sabía que todo debía salir perfecto. Caminé por los pasillos con paso firme, aunque por dentro arrastraba un nudo de ansiedad mezclada con determinación. Me repetía mentalmente cada punto de mi propuesta, repasando los detalles como si se tratara de un discurso de vida o muerte. Estaba decidido a convencer a mi madre de que los cambios que propuse en el contrato no solo eran viables, sino que podrían darle a la empresa una ventaja significativa. Cuando entré a la sala de reuniones, los ejecutivos ya estaban en sus puestos. Las miradas se cruzaban con expectación, y el murmull

