Tres días después New York Lance Estoy en mi oficina. La luz fría de la pantalla ilumina las paredes y el silencio pesa en el ambiente como una losa. Mis dedos tamborilean nerviosos sobre el escritorio, mientras mi mente vuela a Karina, a lo que siento por ella, y al miedo que me aprieta el pecho cada vez que pienso en hacer pública nuestra relación. De pronto, un golpe suave en la puerta interrumpe mi caos interior. Siento cómo mi corazón se acelera. No quiero visitas, menos a esta hora, menos si es Amanda. —¿Se puede? —la voz de Amanda entra por la rendija con un tono que mezcla reproche y sarcasmo. —Pasa —respondo, obligándome a controlar el temblor en mi voz mientras me levanto. Ella entra con esa confianza que solo tienen los que conocen cada rincón de tu vida. Me mira con ojo

