Como un niño, Alessandro estaba bastante confundido, desde que salvó a su mujer ella había estado extraña. Se ponía más en riesgo, mataba sin piedad y es como si estuviera muerta por dentro y no tenía manera de saber lo que le había pasado en ese lugar. Ella no había querido abrir la boca para contarles quién le hizo eso, tampoco cuenta lo que pasó ahí y es como si fuera una tumba y enterrara todo a más de mil metros de profundidad. ¿Cómo podría él sacarle la verdad? Ni siquiera Nahara lo había logrado. ―Hoy debemos viajar a España ―Chiara lo miró―, Nahara y yo nos ocuparemos de ese trabajo ―Alessandro suspiró, al parecer todo va bien entre ellos, pero esa manera en la que su mujer lo mira le da miedo. ―Bien, Mekeril y yo haremos algo aquí ―Se sentó en la cama, está empapado por los

