Tras un par de días en el hospital, Natalia recibió el alta médica. Aunque todavía se sentía un poco débil, la emoción de regresar a casa con su bebé la llenaba de energía. Jonathan se encargó de los trámites finales, asegurándose de que todo estuviera listo para que nada interrumpiera el momento especial que estaban por vivir. —¿Lista para ir a casa, amor? —preguntó Jonathan mientras entraba a la habitación con el portabebés en la mano, donde el pequeño Flavio ya dormía profundamente. —Más que lista —respondió Natalia con una sonrisa cálida, acariciando la diminuta mano de su hijo—. Quiero que conozca su hogar y a toda la familia. Laura, quien estaba con ellos para ayudar en los primeros días, no pudo contener las lágrimas al escuchar eso. —Mi nieto está rodeado de amor, y eso
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