El primer año de noviazgo entre Natalia y Jonathan estuvo lleno de emociones intensas, pero también de desafíos. La pasión y el amor que los unían era evidente, pero las obligaciones laborales de ambos a menudo los mantenían separados. Natalia, con su floreciente empresa de diseño textil, pasaba largas horas en su oficina entre reuniones, bocetos y decisiones importantes. Jonathan, por su parte, seguía expandiendo su negocio internacional, lo que lo obligaba a viajar constantemente entre Europa y América. Sin embargo, esa distancia física nunca fue un obstáculo para ellos. Todas las noches, sin importar el cansancio o la diferencia horaria, se llamaban. Las conversaciones eran su refugio, donde se reían, compartían sus días y se recordaban cuánto se amaban. —Te extraño cada día más —le d

