Entre a mi cuarto en completo silencio, porque ahí cuando me encontraba sola ella susurraba su nombre una y otra vez en mi oído, su voz retumbaba sobre mi cabeza sin detenerse. Una parte de mí quería oírla por siempre, sin embargo, aquello era torturante a tal grado que tuve que encender la radio. Una melodía comenzó a sonar de fondo. Tal vez todo aquello culpa del alcohol que aún permanecía en mis venas, tal vez era ella quien me había embriagado de tal forma que la abstinencia por no tenerla era más fuerte que cualquier otra droga en la tierra. Deje que mi cuerpo se moviera lentamente al compás de la música mientras mi mente la recordaba. Su sonrisa sin duda era lo que más extrañaba, sus manos, su toque. Una sonrisa nostálgica se escapó de mi boca con cada recuerdo que tenía, sin embargo

