NARRA JULIANA. Luego de la preciosa cena que habíamos tenido nos encontrábamos en el auto dirigiéndonos de vuelta a la casa. Desvié mi mirada por algunos segundos y la observé. Valentina era muy misteriosa con su pasado y aunque de a poco me confiaba más, era como si aún no conociera nada de ella. –Estaba pensando en que hay muchas cosas que te perdiste, ya sea por tu tiempo en el convento o ya sabes… –comencé a decir llamando su atención. –¿Y? –preguntó interrumpiendo, luego desvió su mirada hacia la ventana. –Me gustaría que hagas una lista de todo aquello que siempre quisiste hacer y yo lo cumpliré –contesté sin muchos rodeos. –Eso no es necesario –respondió rápidamente mientras negaba. Pase una de mis manos por su hombro y luego volví ambas manos al volante. –Vamos, di que sí. Me

