NARRA JULIANA. La mañana había llegado, y nos encontraba aferrándonos una a la otra como si nuestra vida dependiera de aquello, noté que Vals se había dormido hace tiempo, es por eso que la recosté lentamente en la cama y la cubrí con las sábanas. Puse una de mis manos en su cabeza y acaricié sus cabellos mientras la contemplaba. “No me mires como si fueras mi salvadora”, dijo hace apenas algunas horas, pero se había equivocado, ya que mi mirada no era como quien se cree lo suficiente superior al otro para poder salvarlo, sino más bien como quien con lo poco que es, desea a ayudar en lo que puede a alguien tan especial como ella. No era compasión, ni pena, era amor. Mi amor por ella eran más que besos y abrazos, mi amor por ella se reflejaba en esos instantes en los que pese a que me do

