NARRA VALENTINA.
Íbamos camino a la oficina de la madre superiora junto con Camilo, él se diría a la oficina de la madre superiora, mientras que yo, en cambio, iba hacia la biblioteca, la cual aún no había terminado de arreglarla y esperaba que aquella labor sea suficiente distracción para al menos no pensarla por un buen tiempo.
Cuando llegamos al destino del padre Camilo, a ambos nos sorprendió ver a Eva saliendo bastante molesta y dando hasta un portazo. Di un pequeño vistazo hacia el interior, vi a Jacobo, y la Madre Superiora, quien tenía una hoja en su mano. A ambos se los notaba bastante preocupados, a simple vista podemos notarlos.
Camilo se despidió de mí mientras entraba a la oficina, vi como Jacobo al verme se levantó rápidamente de la silla y me siguió hacia la biblioteca, podía oír sus pisadas detrás de mí.
–Hermana, espere – dijo intentando detenerme, yo solo deseaba estar tranquila, es por eso que intentaba ignorarlo lo suficiente como para que se rinda, pero el padre como siempre insistió. –Valentina, espera –dijo rendido con una sonrisa mientras entraba.
–No noté que me seguías, lo siento – respondí acercándome a un estante y comenzando a limpiarlo.
–Está bien, no pasa nada – respondió tomando un libro y observándolo. – y ¿Cómo estás? –preguntó con su atención aun en el libro.
–Bien –respondí solamente. Estaba aburrida de este tipo de conversaciones en las que solo se interesa por mí por el hecho de ser la oveja débil del rebaño.
–¿Tienes idea que le sucedió a la novicia, Juliana Valdési? – me pregunto sin quitar su vista de aquel libro, ahora mismo agradecí aquello, por el hecho de que mi rostro cambió con tan solo oír el nombre de ella salir de su boca.
–¿Por qué habría de saberlo yo? – pregunte a la defensiva. Aquello llamó su atención, ya que por fin dirigió su atención hacia mí.
–No lo sé, quizás porque últimamente eran muy cercanas o ¿me equivoco? – preguntó él rápidamente, mis manos comenzaron a sudar e intenté esconder el nerviosismo que me producía aquel improvisado interrogatorio, pero para este momento era bastante visible para ser sincera.
–No más de lo que soy con otras novicias – respondí dejando el trapo en aquel estante aun cuando no lo había terminado de limpiar.
–Valentina, ella te donó una empresa – comentó de forma sospechosa.
–Eso fue una mera equivocación, que pronto se arreglará –respondí con firmeza.
–¿Cuándo?. ¿Acaso te ha dicho algo antes de irse?, porque se ha ido por si no lo sabías –pregunto dejando el libro sobre el escritorio y observándome.
–Siento no poder ayudarte, pero como te dije mi relación con aquella novicia no fue más que con las que tengo con las demás, y tanto como ellas no tengo idea porque se ha ido – mentí, de tal manera que mordí apenas un poco mi lengua con temor de que la verdad saliera a flote.
Ambos permanecimos en silencio por algunos segundos, él parecía preocupado y no lograba comprender qué era lo que tanto le inquietaba.
–¿Era verdad eso que decían? – preguntó Jacobo con una sonrisa mirándome fijamente a los ojos, mi respiración se detuvo y mis piernas comenzaron a temblar.
–¿A qué te refieres? – pregunté sintiendo como mi garganta se secaba.
–Cuando llegué al convento tú ya eras bastante grande aunque continuabas siendo pequeña para ingresar a un establecimiento como esté y hasta tengo entendido que estuviste desde muy pequeña, aunque como tu edad aún no era permitida aquí, la madre superiora te había mantenido oculta en este, anteriormente no lo creí, pero ahora hay cierta duda en mí. Dime la verdad. ¿Es cierto lo que oí? –preguntó con curiosidad. Mire hacia atrás del estante donde hace unos años yo había improvisado una pequeña cama.
–No lo recuerdo – respondí caminando hacia la puerta, aquello no era la verdad, ya que lo recordaba bien, pero no deseaba compartirlo con nadie, mucho menos con Jacobo y no quería mentirle, es por eso que me pareció mejor esquivar la pregunta e irme, pero antes de salir Jacobo volvió a hablar.
–Le propuse a la madre superiora que una de las hermanas busque a la novicia Valdési y se encargue de hablar con ella –comentó caminando hasta a mí, me detuve en seco sin decir absolutamente nada, pero analizando sus palabras.
–Dudo que la madre superiora acepte tal proposición – respondí fijando mis ojos en él. Me pregunte por qué me compartía aquella información y que es lo que realmente buscaba, pero la idea de verla nuevamente me confundía, complemente los pensamientos y ahora mismo me encontraba bloqueada y asustada.
– De hecho, tienes razón. No lo hizo, ella no aceptó – respondió Jacobo –Vine a ti, porque ambos sabemos que nunca fui a quien ella más escucha– terminó de decir dejando ver su interés.
–Y quieres que hable con ella y la convenza por ti – terminé de decir mientras Jacobo afirmaba.
Sé que yo la había alejado por las razones correctas, pero dentro de mí alguien gritaba su nombre y mis brazos solo deseaban traerla de vuelta. Alejarla no había sido la mejor de mis elecciones, aunque quizás si fue la correcta. Es por eso que ahora mismo mi mente, mi corazón y mi alma luchaban una guerra en la que mis pensamientos, mi amor por ella y mi fe peleaban por quien sería el vencedor.
–Esto es por el alma de esa pobre joven que quién sabe qué estará haciendo en el camino incorrecto justo ahora, nosotros somos su familia y es nuestro deber, al menos saber qué es lo que le sucedió y cómo podemos ayudarla –comentó Jacobo mientras yo me mantenía con la mirada perdida.
–¿A qué te refieres con el camino incorrecto? –pregunté mientras miles de pensamientos me invadían, estos eran tan molestos que debí apretar mi puño de solo imaginarlos.
–Usualmente, quien se desvía del camino de Dios, busca consuelo en el pecado más próximo que encuentre. Sé que toda tu vida fue consagrada a Dios, y quizás tu mente no logré entender los peligros que esa novicia podría estar atravesando ahora, pero imagina cómo pudo ser la vida de una joven repleta de excesos antes de Dios, y eso que imagines es lo que le estará sucediendo a ella –afirmó, al parecer a Jacobo le preocupaba el alma de Juliana y cuánta razón tenía, fui tan egoísta que ni siquiera pensé en cómo podría afectar lo que le hice y ahora cada uno de esos pensamientos me invaden. ¿Qué estará haciendo mi novicia?.
–¿Vas a hacerlo? –preguntó más impaciente que nunca. Sentí una leve punzada en mi corazon, ahora mismo solo deseaba traerla de regreso.
–Lo haré, pero dudo que la Madre Superiora me escuche –
–Rezaré por que lo haga –contestó él saliendo de la sala.
–También yo –respondí casi en un susurro poniendo mi mano en mi pecho