Un amor imposible.

2188 Words
Las cámaras apuntan hacia la mujer elegante que camina con firmeza sobre la alfombra roja, sus curvas que destacan bajo el vestido azul ajustado, despertaban el interés en hombres y mujeres, no era el tamaño de su busto o lo grande de sus caderas lo que levantaba suspiros, sino aquella postura inquebrantable y la mirada seductora que le regalaba a todo el mundo. Muchos hombres codiciaban su belleza, unos deseaban su amor y otros solo la querían poseer, como si de un trofeo se tratase. En cuanto ella ponía un pie en el escenario, todo comenzaba a girar a su alrededor, bastaba con soltar unas cuantas palabras para tener la atención de los hombres enamorados que prestaban atención a sus anécdotas. Ella había nacido para brillar, y lo sabía muy bien, sin embargo, toda aquella atención solía hostigarla a menudo, soñaba en salir corriendo, descalza, alzar su vestido y tirar de él y huir lejos, en donde nadie la conociera y pudiera vivir libremente de su amor que le resultaba prohibido, porque después de todo, Eva Miller era una mujer común, que añoraba un amor no correspondido, al menos no de la manera en el que le hubiese gustado. Las luces de los reflectores solían lastimar sus ojos grises, pero aun así sonreía sin apartar la vista, porque el mundo no puede verla desalineada, ella siempre tenía que lucir perfecta ante personas que le eran totalmente desconocidas. Cuando todo terminó, el dorso de su mano fue besada por muchos, no faltaron los halagos y comentarios mormosos, a los cuales ella solo sonrió y dio las gracias, fatigada, arrastró sus pasos hacia su camerino en donde un cambio de ropa y una ducha con agua caliente la esperaba. Al llegar a la puerta, su manager esperaba afuera sosteniendo unas toallas secas en la mano. —Alguien espera verla — avisó apartándose de la puerta. En cuanto escuchó esas palabras, su corazón dio un vuelvo, aquellos ojos que parecían afligidos se iluminaron en un instante, enderezó la espalda y arregló su cabello, pasó sus manos sobre el vestido de seda, tratando de alisarlo, pensando en que se había arrugado en el camino, luego colocó sus manos sobre la cerradura de la puerta y abrió lentamente. Su mirada se posó sobre aquel hombre que curioseaba entre sus brochas y maquillaje vestía de una camisa color vino y pantalones negros, sus manos toqueteaban todo lo que ahí se encontraba. —¿Todo esto es necesario? — pregunta mientras toma una peluca y la alza para verla de cerca. Eva se queda callada, lo observa desde la puerta, cruzada de brazos. —Siempre he creído que jamás has necesitado nada de esto— expresó dejando la peluca en su lugar. —¿A que has venido? — Pregunta tratando de mostrarse indiferente ante su visita. — A verte. Ella apartó la vista de aquel hombre y caminó hacia el espejo grande del tocador. —Pudiste hacer fila como todos— respondió pasándose el cepillo en su pelo. —No quiero ver como esos tontos te adulan y tratan de impresionarte. Eva trata de contenerse y continúa peinando con esmero su larga cabellera Él se acerca y le arrebata el cepillo de las manos. —¿Crees que no sé qué haces esto cuando te pones nerviosa? — dijo colocando sus manos alrededor de su diminuta cintura —¿Te parece divertido? — respondió tratando de alejarse —Eva— pronunció con voz suave. —¿Qué haces aquí Zack? — interrogó alzando la mirada para encontrase con la suya. —Ya lo dije antes. —Cada vez que entras a mi camerino, cada que te encuentro casualmente en el mismo sitio, mi corazón teme y no es porque no desee verte, sino porque algo tiene que suceder. Ella hace una pausa, manteniendo la mirada en esos ojos azules en los que solía perderse desde que tenía 16. —¿Qué sucede esta vez? Corresponde al abrazo y hunde la cabeza en su pecho, suspirando profundo. Ambos se mantenían en silencio, aferrados el uno al otro mientras se escuchaba el tic tac del reloj colgado en la pared, ese reloj viejo que había traído desde Paris para demostrarle que siempre la esperaría. —Voy a casarme. En cuanto sus labios pronunciaron esas palabras, el cuerpo de Eve tembló, sintió que las rodillas se le doblegaban y comenzó a sentir ese molesto nudo en la garganta, la noticia la había tomado de sorpresa que, en su momento, no supo que decir, solo apretó fuertemente al hombre robusto y siguió ocultando su rostro. Él en cambio, acarició su pelo y susurró —Lo siento, nuestro tiempo se ha agotado. Ambos habían esperado el tiempo indicado, pero las circunstancias o el propio destino parecía recalcarles que no debían estar juntos. —Tú y yo jamás habríamos funcionado— Respondió en cuanto pudo manejar esa molestia en la garganta. —Sí lo habríamos hecho. —Sé que no Zack, pelearíamos todo el tiempo, no soportarías… —¿Qué es lo que no soportaría? — interrumpe enmarcando una ceja. —Mis anhelos e ilusiones siempre fueron una carga pesada para ti…Todo esto, todo lo que soy, no lo soportarías —Eve, sabes que yo… —Nos odiaríamos. —¿Por qué siempre tienes que hablar por los dos? Actúas como si tuvieras la razón—alzó la voz. —Zack, solo miramos ahora, estamos discutiendo nuevamente, siempre ha sido así. —Eres egoísta, déspota, orgullosa, arrogante, superficial, altanera y…Y muchas cosas más, sé todo de ti Eva y aún así te idolatro ¿Crees que esas personas que dicen admirarte lo harían si te conocieran mejor? —No sabes un carajo sobre mí. —10 años me respaldan…—hizo una breve pausa y camino de un lado a otro, impaciente por hacerle entender lo que ella para él significaba— He pasado 10 años de mi vida amándote. —No hubiera funcionado— insistió. —No lo sabrías al menos que lo hubiésemos intentado. —Tú eres un egoísta Zack, yo lo soy algunas veces. ¿Habrías renunciado a tu trabajo en California por mí? ¿Habrías abandonado todo por venir a Misuri? Él se queda callado, inclina la cabeza y niega. —Lo sabía, jamás he querido ponerte en una situación embarazosa. —¿Qué hay de ti, Eve? Habrías abandonado todo por formar una familia conmigo. —No— respondió de inmediato— ¿Lo ves? No soy la mujer que necesitas. —Todo este tiempo espere por ti, te he mostrada mi amor sincero ¿Qué más me faltó para dar, Eva? —Palabras de amor, son solo charlatanerías, se te hubiera pasado en poco tiempo. —Yo te quiero Eva, te he querido siempre. —Decirle a una persona cuanto las quieres no las hace sentir más queridos. E se da la vuelta, evitando mirarlo a la cara, sabía lo que había provocado. —Es hora de que te vayas— Sugirió. Zack se queda inmóvil por unos segundos, esperado algo más que un simple vete. —Supongo que esta será la última vez que te vea— fue lo que dijo antes de avanzar hacia la puerta. Eva seguía dándole la espalda, sin pronunciar una sola palabra. En cuanto escuchó la puerta cerrar, pudo liberar sus emociones, sin temor a que alguien la viera, rompió en llanto, cayendo de rodillas sobre la alfombra aterciopelada. Zack llevaba 10 años amándola, pero ella llevaba toda su vida haciéndolo. Era difícil aceptar que el hombre que ha amado estuviera comprometido con otra mujer. En su cabeza solo rondaba la pregunta ¿En que momento fue? ¿En que momento lo perdió para siempre? Frustrada y desolada tiró las cosas que se encontraban en el tocador, no obstante, rescató un libro que cayó a sus pies, lo recogió con ambas manos, como si se tratara de una pieza de gran valor. Pasó rápidamente las páginas hasta encontrar aquella fotografía que se encontraba en el interior de aquel viejo libro, poso sus ojos en ella por un largo instante, luego leyó la frase subrayada en las páginas desgastadas. “Esa mirada casual fue el origen de un cataclismo de amor que medio siglo después aún no había terminado” Amor en tiempos de cólera, había sido la obra de Gabriel García Márquez que más idolatraba, Zack lo sabía, así que se lo había obsequiado hace casi 10 años, él mismo había subrayada aquella frase que marcó sus corazones para siempre y él mismo había dado por terminado esa larga espera. Es curioso como la persona que habla sobre amor, es quien dejar de amar primero. Tomó la fotografía y la apretó contra su pecho, maldiciendo una y otra vez su nombre, lamentaba haberlo perdido, pero lamentaba aún más haberlo amado, porque sí, ella lo amaba, a su manera, pero siempre lo había hecho, sin embargo, para él amarlo jamás fue suficiente y hoy había hecho trizas lo que por tanto tiempo le costó construir. En cuanto su manager y compañera de vida abrió la puerta, quedó perpleja ante el desorden hecho, pero aún mas al ver a Eva postrada sobre el piso, con el maquillaje arruinado y empapada en lágrimas. Por primera vez en tantos años veía a Eva Miller llorar. No era necesario preguntar la razón de su llanto, lo supuso en cuanto vio al hombre salir abatido y con la cabeza fija hacia el piso. —Él se casará— notificó al ver a Liana. Liana respiró, pensativa sobre que era lo adecuado en ese momento. —Él se casará, Liana— repitió— Después de todo, no era yo quien debía estar a su lado. —Seguían aferrados a algo que jamás sucedería, uno de los dos tenía que ceder o soltar. — Respondió sin cambiar de postura. —Lo he perdido. —No se puede perder algo que jamás se ha tenido. Eva pintó una sonrisa débil en el rostro y se secó las lágrimas. —No me pertenecía, es verdad, pero momentáneamente lo sentía tan mío que juraba que se quedaría eternamente. —Y eso la asustaba ¿Lo negará? — interrogó, persuadiéndola con la mirada. —Amar me asusta…amar y que al final la que ame más sea yo. —Al final jamás lo sabrá, porque ha decidido poner sus miedos sobre sus sentimientos. Es una batalla de la cual ha salido ilesa y ¿Sabe por qué? Eva bajó la mirada, anticipando lo que estaba apunto de decirle. —Porque jamás la peleó. Hubo un momento de silencio, la mente de Eve divagaba por esos recuerdos en su adolescencia, cuando amarlo no parecía difícil. —Ojalá ella lo ame, merece recibir ese mismo amor que él da. —Ojalá él la ame— contradijo— Lo lamentaría por esa mujer si él no llegase hacerlo. °°°°°°°°°°°°°°°°°° —Señorita Michelle, le han enviado flores— avisó el ama de llaves. En cuanto la mujer recibió la noticia, se paró rápidamente de su asiento, al ver el gran ramo de rosas rojas, sus ojos de iluminaron como estrellas. —¿Son para mí? — preguntó sorprendida. Tomo el ramo con gran delicadeza, temerosa a que se arruinara. Su madre la observaba con una gran sonrisa. —Y bien ¿Te las envío Zack? — preguntó dejando la taza de té sobre la mesa. Pronto la sonrisa desapareció, al ver los ojos de decepción de su hija. —Me las ha mandado mi padre. — Respondió volviendo a su asiento. —¿Y eso te desilusiona? —Para nada, me alegra que mi padre se acuerde de mi cumpleaños, pero… —Esperabas a que él tuviera ese detalle contigo ¿Verdad? —Zack no es un hombre que acostumbré a dar obsequios y esta bien, estuve de acuerdo con eso desde el principio, pero aun sabiéndolo mantengo la esperanza. El brillo de sus ojos claros mostró tristeza mientras que sus delgadas y frágiles manos acariciaban los pétalos de las rosas rojas. Su madre se puso de pie y le dio un abrazo. —No esperas nada, Zack te ama a su manera. —Yo lo sé, madre, sé que me ama, de lo contrario no me pediría matrimonio. — señaló mostrando el anillo de compromiso en su mano. —Zack Blake, es un hombre caballeroso, educado, serio y recto, es entendible que los detalles no sean su fuerte, recuerda que no solo es tu prometido, sino un teniente que tiene un debes más grande. —Lo sé madre. —Ese muchacho ha logrado mucho a su corta edad, has elegido a un buen hombre. La chica sonríe mientras se acomoda un mechón del pelo. —Es el hombre que siempre soñé. Parece increíble que me haya elegido a mí, mis amigas me envidian, dicen que soy afortunada de tener a alguien como él. —Y lo tendrás aquí pronto. —Es verdad, tendré que ir por él al aeropuerto. —¿Te lo pidió? —Quiero sorprenderlo.
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