—Jagger, los pastelillos que me pediste ya están listos —avisó Spencer, apagando el horno de la cocina—. ¿Los llevo todos al club? —preguntó, colocándose los guantes de hornos. —Claro que no, esa bola de hambrientos se los comerán todos —respondió, deteniéndose en la entrada de la cocina. —Entonces, ¿planeas comerte una docena de cupcakes tú solo? —preguntó divertido. —Nop, son unas cuatro personas más y yo —respondió, observándole cerrar la puerta del horno tras sacar la bandeja. —¿Llamarás a Boris y Morgan? No creo que Boris quiera venir, sabes que en sus días libres no atiende el teléfono para nadie —le recordó, dejando la bandeja sobre el mueble. —De hecho, se trata de mi hermana y su familia —anunció, logrando que su omega alzara de golpe la cabeza para observarlo con sorpresa.

