Cuando el molesto sonido de una alarma llenó la habitación, Spencer dejó escapar un suspiro y estiró su brazo, luchando un poco con el agarre de su alfa en su cuerpo, para poder estirarse y apagar finalmente ese sonido. —Tienes que bajar al taller —expresó, volviendo a esconder su brazo bajo las mantas, acurrucándose contra el cuerpo detrás de él. —Solo unos minutos más... —murmuró Jagger, empujando su rostro en su nuca. —Lo mismo dijiste hace unos diez minutos atrás —resopló el omega, manteniendo sus ojos cerrados—. Debes de ir a trabajar —indicó. —No quiero ir —se quejó su alfa, abrazándolo con más fuerza. —Dijiste que debías de trabajar en un auto hoy —le recordó Spencer. —Puedo llegar unos minutos tarde —aseguró Jagger y empujó su erección contra el trasero de su omega—. ¿Qué pie

