Narra Andrés Lara.
Una semana había pasado y Karen mi secretaria no daba señales de vida, no sabía nada de ella, la angustia me invadía, me sentía atado de manos y pies, no sabía dónde buscarla, no sabía su dirección, ni mucho menos su número de teléfono, porque nunca la necesitaba fuera del horario de trabajo y por respeto a su esposo por no causarle problemas no había pedido su número, y de paso así no tenia la tentación de escribirle, pero ahora me arrepentía de eso.
Es lunes nuevamente y no aparece, no ha llamado, ni enviado a alguien para justificar su ausencia, no se qué le habrá pasado para no presentarse a trabajar, ya no aguanto la angustia, así que desesperado llamo a Elizabeth.
- Dígame señor, ¿en qué puedo ayudarlo? - dice una vez entra en mi oficina.
- ¿Sabe algo de la señora Torres? Pregunto aunque se me hace raro llamarla señora, pero ella así lo quiere y respeto su decisión.
- No, señor, no sé nada y me tiene preocupada, he pensado en ir hasta su casa.- dice y siento un rayito de esperanza al escuchar esas palabras, ella sabe dónde vive.
- Que espera, vamos a su casa. - digo poniéndome de pie.
- Señor... es que no sé dónde vive. - dice un poco apenada.
- Mierda. - digo pasando mis manos por mi cuello, para calmar un poco la tensión que siento en estos momentos, esta impotencia es abrazadora.
- Vaya a recursos humano, y dígale a Mirta que me entregue la carpeta de historial de la señora Karen. - digo y ella asiente saliendo rápidamente de mi oficina, no sé porque no se me ocurrió esto antes. En su currículo debe aparecer su teléfono y su dirección. Tal vez fue la desesperación lo que me bloqueo, o la esperanza que ella iba a entrar por esa puerta con su típico “buenos días jefe” y esa sonrisa que alumbra mis días.
Camino de un lado al otro en la oficina, mientras espero que Elizabeth llegue, Karen, tiene que estar bien, pienso mientras veo los minutos correr en el gran reloj que cuelga en una pared de mi oficina, han paso unos quince minutos y aun Elizabeth no llega, estoy pensando en ir yo mismo a buscar el historia de Karen.
-señor... - dice Elizabeth entrando a mi oficina toda acelerada. - no lo encontraban por eso tarde un poco, pero aquí está. - dijo tendiendo la carpeta con el historial de Karen.
Lo tomo y corro a sentarme detrás de mi escritorio y empiezo a ojear... revisó sus asistencias durante esta semana y su currículo, y ¡BINGO! Encuentro su número de teléfono y su dirección, inmediatamente tomo mi teléfono y marco su número.
- Maldición. - digo cuando ni siquiera réplica, sino que me manda al buzón.
-¿Qué paso jefe? -pregunta Elizabeth de repente, me sobresalto un poco, pues no me acordaba que ella aún estaba aquí.
- No contesta el celular. - dije levantándome de donde estaba sentado.
- Y ¿qué haremos? - pregunta y noto preocupación en su voz, en esta semana que Karen estuvo trabajando se ha ganado el cariño de muchos en la empresa y sobre todo el de Elizabeth, podría decirse que se han hecho muy buenas amigas.
- Iré a su casa. - dije muy seguro y tomando mi chaqueta del perchero para salir de la oficina.
- Iré con usted. - dijo ella muy segura.
- No, tú quédate aquí, atiende todo y cancela mis reuniones, te avisaré cualquier cosa. - dije y salí sin esperar una respuesta de su parte porque no era una petición era una orden como su jefe que soy.
Maneje por las calles con un poco de velocidad, pero sin excederme, no quería ser el causante de un accidente de tránsito por mi desespero en llegar a ella.
Llegue creo que ni aparque el coche bien, baje y apresuró mis pasos hasta llegar a su puerta, toque una vez y espere y nada, vuelvo a tocar esta vez con más insistencia y vuelvo a esperar; escucho como suenan una botellas y decido esperar un poco más antes de volver a tocar y dar chance a ver si alguien abre.
-Perooo... quiiiiienn... tocaaaa…. mi pueerrrr.....-dice Karen arrastrando las palabras y sin terminarlas de pronunciar al verme frente a su puerta.
Yo igual que ella estoy mudo, no puede ser más grande mi sorpresa al verla, tienes los ojos hinchados y rojos señal que ha estado llorando, su cabello está totalmente enmarañado, y puedo jurar que no se ha bañado en días… ¿qué le paso? Es lo primero que pasa por mi mente, esta no es la Karen que yo conozco.
- ¿Esta ebria? Logro decir después de unos minutos y al ver que sigue allí sin decir nada y apoyada en la puerta.
- ¿Queee... haaaace.... uuuusted.... aquíii? -dice sin responder a mi pregunta, la cual no es necesario que me responda, ya que su aliento es la prueba irrefutable que ha bebido. ¿Pero por qué lo ha hecho? ¿Qué le sucedió para llegar a ese extremo?
- ¡No apareces en una semana en el trabajo, y vengo a buscarte y está en esta condiciones! ¿Por qué está usted así? -pregunte y al momento me arrepentí ya que sus ojos se inundaron de lágrimas que segundo después derramó, e inmediatamente se derrumbó de rodillas frente a mí.
Sin dudar y sin pensar la tomo entre mis brazos, mientras ella sigue llorando. Necesito que se calme para poder hablar con ella y saber que fue lo que paso. Camino hasta el sofá esquivando botellas y cajas de comida rápida, y me siento con ella aún en brazos, ella oculta su rostro entre mi cuello.
No sé cuánto tiempo estamos así, pero después de un tiempo, que creo que es mucho, se calma y se levanta con dificultad de mí, se tambalea y cae al suelo, golpeando su trasero.
La escucho reír fuertemente después de eso lo cual me hace que me quede confundido, primero llora y después ríe ¿Pero qué le pasa?
- Veeete.- dice y baja su rostro avergonzada y lo oculta entre sus manos, mientras aún está en el suelo.
- No me iré hasta que usted esté bien. - dije tendiendo mi mano para levantarla.
- uusted...no...tienee...porr...quee...eestar...aqui.-dice rechazando mi ayuda y levantándose con dificultad para luego tomar un botella y llevársela a los labios y beber de ella nuevamente.
- Ya basta, me canse- dije molesto y le quite la botella, la tome en brazo y aunque se negó y luchó la lleve por un pasillo hasta que entre en una habitación que creo que es de ella pues hay botellas y resto de comida al igual que cajas en el piso.
- ¡Nooo!, ¡saquéeme... de aquí! - dijo para empezar a llorar nuevamente.
No le preste atención y camine hasta una puerta que se encontraba dentro de la habitación y que supuse era un baño, pues la otra era un armario y estaba abierto y con ropa esparcida por todos lados.
Entre la baño y abrí el grifo de la regadera del agua fría y la metí dentro no me importo que se mojaran las mangas de mi traje y camisa al sostenerla dentro para que no saliera, ella grito, lloro y pataleo hasta que se cansó, cuando vi que ya no protestaría más salí del baño y me fui a la cocina donde me quite la chaqueta del traje y la deje sobre una silla.
Después de buscar por cada gabinete, estante y anaquel de la cocina encontré el café y la azúcar, prepare un café doble, no mejor triple, pues esa borrachera que carga no se quitará tan fácil. Una vez listo. Subí nuevamente a la habitación y la encontré acurrucada en su cama y en pijama, me acerque y le di la taza con el café humeante.
- Ten. -le dije, ella estiró la mano y sin mirarme tomo la taza, soplo un poco y empezó a beber el café haciendo muecas, bebió todo el contenido en silencio, yo también me mantuve en silencio dándole tiempo a que hiciera efecto el café y que ella se decidiera a hablar conmigo, porque hasta que no lo hiciera no me iría de aquí
- No debió molestarse señor Lara.- dijo después de haber hecho efecto el café.
- Claro que sí, mi secretaria desapareció por una semana sin justificarse, era mi deber saber que había pasado con ella.- dije mirándola serio, aunque lo que me provocaba era abrazarla tan fuerte y alejar todo aquello que la hacía sufrir y estar en ese estado.
- Disculpe eso, me imagino que ya no tengo empleo.- dijo aún sin mirarme.
- ¿por qué habría de despedirla? - pregunte.- Y por favor míreme.- complete.
- Usted lo acaba de decir, falte una semana completa al trabajo señor es más que obvio que ya no tengo trabajo, y como complemento viene y me encuentra en estas condiciones. - dice levantando el rostro para mirarme como le pedí.
- No sé realmente que fue lo que paso, para que llegará a este extremo, pero sea cual sea la situación, tenga seguro que se solucionará, solo tiene que ser la mujer fuerte que estoy seguro que es y no dejarse vencer. – hable con la verdad.
- No es tan fácil.- respondió y pude ver sus ojos húmedos nuevamente.
- Nada en esta vida es fácil Karen, pero está en nuestras manos si dejamos de luchar, .ahora necesito que sea fuerte y la espero mañana en su puesto de trabajo.- dije sonriendo un poco para darle más seguridad.
- Trataré. – respondió para luego soltar un bostezo.
- Descanse, la espero mañana.- dije y vi cómo se acurrucaba en su cama... salí de su habitación, saque el teléfono de mi pantalón y marque a la única persona que me ayudaría en esto que tenía planeado.
- Hola... necesito que vengas a una dirección que te voy a mandar por mensajes.
- Como usted mande señor.
- Te esperaré aquí igual, para darte instrucciones.- Mencione antes de colgar para luego mandar el mensaje con la dirección. Unos 15 minutos después llego Antonia tan servicial como siempre.
- Señor. - dijo apenas me vio.
- Disculpa que te llamara así- digo un poco apenado, ni siquiera la salude como es debido cuando la llame.
- No hay problema, dígame en que puedo ayudar. - dijo con su habitual sonrisa.
- Necesito que órdenes y limpies esta casa, pero tratar de no hacer tanto ruido, la dueñas esta indispuesta, y se encuentra arriba durmiendo. Cuando termines aquí, sube a la habitación donde ella esta y ordena allí también o no, mejor empieza por la habitación y después aquí, mientras yo iré por algo de comida.
- Como usted ordene señor. – respondió emprendiendo camino a la cocina me imagino a buscar los implementos para limpiar.
Salí de la casa y monte en mi auto y maneje hasta encontrar donde comprar comida más saludable de la haya comido estos días.