—¿Y qué harás con Gladiola? Ella me odia a muerte, me amenazó, me llamó perra del dinero, ¡eso me dolió tanto! Conrado abrazó a su esposa, estaba furioso. —Créeme, Gladiola lo pagará caro. —Ella solo me odia por lo de su madre, piensa que usurpé su lugar, tiene razón, debe ser raro que yo te ame, tú eres tan poderoso, tan perfecto, si estuviera en su lugar, quizás actuaría así. Él acunó su rostro, besó su frente. —No, tú eres muy buena, Gladiola es una caprichosa, rebelde, la dejaré sin nada, veremos si así madura, ¡ya no es una niña! —¡No, mi amor! Mejor, hay que ayudarla, ¿y si la casas con alguien? Tal vez, un buen esposo la ayudé a ser mejor, a tener su familia, eso necesita. Conrado estaba pensativo, luego mirò a la mujer, sonriò. —¡Tienes razón! Buscaré a un buen hombre, y Gl

