Zahara escuchó que gritó su nombre, tenìa una gran sonrisa en sus labios. Escuchó al hombre abrir la puerta. Azael miró en la habitación, ella no estaba ahí, sino en el cuarto de baño. Él tenìa una respiración agitada, unos ojos severos, temblaba de puro coraje, odiaba que fuera tan ofensiva, no dejaba de pensar ¿en dónde estaba la Zahara que conoció en el pasado? Èl la quería de vuelta. Zahara salió del cuarto de baño, llevaba su largo camisón de dormir de tirantes, tenìa una sonrisa socarrona en los labios. —¿Qué sucede? ¿No te ha gustado mi regalo de bodas? —¡No! —gritó levantándose, mirándola con rabia. Zahara alzó las cejas, sonriente, pero sorprendida por sus palabras. —¡Oh, vamos! Era una mujer muy linda, es tu estilo, no te creas tan guapo, no seas exigente —dijo Zahara con

