Zahara llegó a la empresa, esperaba a que Ricardo Valenzuela llegara, estaba muy nerviosa. Recordaba las palabras de Angélica, ¡Julio era su hijo! —Pero ¿Acaso una madre no debe sentir esa conexión con su hijo? —murmuró. Llamaron a la puerta, al abrir, la asistente informó que Ricardo Valenzuela estaba ahí. Zahara asintió y pidió verlo en la sala de juntas. Zahara estaba temblorosa, mirò el contrato de negocio, debía firmarlo para complacer al abuelo, pero al mismo tiempo estaba ansiosa por todo lo que podía pasar. Zahara salió de la oficina, se dirigió a la sala de juntas, al entrar el hombre estaba ahí. —Zahara Reese. Ella le sonriò, y se dieron la mano, se sentó cerca de èl. —Señor Valenzuela, como sabe, la empresa Nolan está muy interesada en trabajar con usted y vender sus pr

