Estaba recluida en mi habitación desde hace un par de horas, después de haber ido a dejar a Bianca a la escuela y a Alonso a la guardería. Me sentía incómoda sabiendo que habría gorilas cuidando a mis hermanos pequeños durante su estadía fuera de casa y, además de eso, como si fuera poco, me torturaba y perturbaba enormemente la idea de tener a Zaid dando vueltas por los pasillos de mi casa, sobre todo después de lo sucedido el día anterior. No quería ni asomar mi cabeza hacia afuera. Sabía que él estaba hecho una furia y que se desquitaría conmigo en cuanto se le presentara la oportunidad, así que preferí quedarme a salvo en mis cuatro paredes. Suspiré profundo, cansada, cerrando el grueso libro que sostenía entre mis manos, demasiado agobiada como para lograr concentrarme y entender el

