Un par de suaves golpes en la puerta de mi habitación hicieron que me enervara nerviosa, levantándome de la cama en la que estaba sentada, dejando a mis hermanos seguir con lo suyo, diciéndoles que se quedaran donde estaban, que volvería en seguida. —Giovenni —dije seria en cuanto abrí la puerta. Él tragó saliva y alzó las cejas. —Clarisse, ¿podríamos hablar un momento? —preguntó por lo bajo, mirando por sobre mi hombro, dándose cuenta que, felizmente, no estaba sola. —Estamos ocupados —respondí fría. Frunció el ceño. —¿Haciendo qué? —Bueno, no sé si recuerdas, pero contrataste un profesor para mis hermanos. Efectivamente, los estoy ayudando con sus tareas. Resopló. —Clary, por favor —murmuró afligido—. Necesito hablar contigo. —Estás haciéndolo en este preciso momento. —¿A sola

