Mara Quería castigar a Lucian. Me había gritado y delante de todos. Aunque en ese instante fingí que no me dolía, actúe como si estuviera por encima de la humillación, pero me hirió profundamente. Yo también quería respuestas. Quería justicia. Pero no a costa del respeto. No de esa manera. Nos habían perseguido, sacado de la carretera y enterrado balas de plata en nuestros cuerpos. Querían que estuviéramos muertos. No me inmuté ante la idea de acabar con toda la familia de Bernard y encerrarlo para que se pudriera. La misericordia nunca fue parte del plan. Aun así, el arrebato de Lucian no podía quedar sin reprimenda. Así que me puse los calzones de encaje. Los que son su debilidad. Sabía exactamente lo que le hacían. Luego quité las almohadas de su lado de la cama y lo mandé a dormir

