Mara Me senté acurrucada en la esquina, estaba rota. Había intentado todo. Intenté respirar profundamente. Intenté recordarme a mí misma que era fuerte y que había soportado cosas peores y que además esto también pasaría. Pero no podía detener las lágrimas. No podía frenar el dolor. Lo amaba demasiado. Ese era el problema. Aunque él dijera que la había superado, tener a Tina allí, en nuestra ala, era demasiado. Estaría demasiado cerca y eso era demasiado peligroso. Las viejas emociones no necesitaban mucho para volver a encenderse, y no podía ver eso suceder frente a mis ojos. No podía sentarme en el desayuno mientras ella lo miraba, mientras él se veía forzado a reconocer sus necesidades, necesidades que involucraban al cachorro que crecía dentro de ella. Me limpié la cara y me l

