Con un movimiento de cabeza, Ernesto indicó a uno de sus hombres para que se colocara junto a la puerta del camerino, asegurando que nadie interrumpiera a Guillermo. —Está bien, tienes veinte minutos—dijo Ernesto—. Pero después de eso, necesito que Yadira vuelva al escenario. —Entendido —murmuró Guillermo, antes de dirigirse rápidamente hacia el camerino. Mientras Ernesto volvía a sus cosa, no pudo evitar preguntarse qué había pasado entre Guillermo y Yadira, esa chica sería mejor inversión de lo que jamás había pensado. Guillermo no perdió tiempo. Entró al camerino y cerró la puerta detrás de él, aislándose del bullicio del bar y de los demás. Ahora estaba solo con Yadira, la única persona que realmente anhelaba ver esa noche. —No pude soportarlo más, Yadira —confesó Guillermo, su vo

