La lluvia arreciaba en la oscura noche, y Yadira caminaba por las calles empapadas. Su ropa, humedecida, pegada a su cuerpo, y su cabello, enmarcando su rostro con gotas de agua, la hacían lucir agotada. Su orgullo la había llevado a declinar la ayuda de Guillermo. Y ahora, sola en la noche, se sentía un poco perdida caminando sin rumbo hasta llegar a un bar. El bullicio del bar la recibió al abrir la puerta, un ambiente cálido, contrario a la frialdad que reinaba fuera. Atrajo algunas miradas, principalmente por estar completamente mojada. Tras tomar un respiro, se acercó a la barra, donde un hombre de mediana edad, con cabello canoso y barba, servía bebidas. —¿Puedo ayudarte? —dijo el hombre con una mirada evaluadora. —Buenas noches, mi nombre es Yadira. Estoy buscando trabajo, ¿nece

