La herencia: condiciones.

2496 Words
Enngel. Me mantuve en mi lugar esperando a que Emerson volviera e hiciera el ambiente cómodo. La pelinegra que estaba con las hermanas Harper atendió una llamada y volvió unos minutos después. Yo no hablé. —Adrián, es un gusto verte. Espero que ya hayas conocido a Enngel Harper —dijo Emerson con entusiasmo, cuando entró. Su alegría a veces me hacía olvidar su triste situación. —Tengo entendido que es Enngel Green —corrigió Olga. —Enngel es mi otra hija, Adrián. Una Harper y espero la trates como tal —continuó Emerson tranquilo. Ediel entró al comedor con cara de pocos amigos, lo disimuló relajando la expresión. La chica junto a él le dijo algo en el oído y ambos se pusieron de pie, luego ella se disculpó porque debía irse. Adrián se ofreció a llevarla, porque se había dado cuenta de que la cena era familiar y no quería intervenir. —Es gusto, señorita, Enngel. Desde luego que seré amble con ella, señor Emerson —dijo Adrián. Salió con la chica y Alfred entró con la cena. —Enngel, Adrián es un amigo de la familia. Me debo haber visto como un grosero, pero nadie me presentó a la dama que nos acompañaba esta noche —habló Emerson. Las chicas vieron hacia su hermano. —Agatha Wilson. Mi intención era presentarla esta noche, viejo —expuso Ediel. —Oh, que bien. Conoció a nuestra querida Enngel. Ediel aniquiló a su padre con la mirada, quien por su parte se mantuvo sereno. Las hermanas Harper no dijeron nada, ambas lucían hermosas y junto a su hermano hacían destacar la atracción física que les identifica: sus hermosas cabelleras rojizas, aunque la de Ediel era mucho más oscura y menos abundante. Pronto, sonreí cuando me di cuenta del menú… —Fue elegido pensado en ti —me dijo Emerson, palpando mi mano. Siempre fue cariñoso, pero cuando lo era frente a sus hijos me hacía sentir un tanto incómoda, ta que llamaba la atención. —Quien te viera diría que es ella tu hija —dijo Olga. —Enngel siempre aceptó mi cariño, por eso lo mantiene hoy en día. —Es un gusto volverte a ver, Enngel —me dijo Aslie con una sonrisa, le sonreí en respuesta. —¿Cuál es el motivo de la cena? —preguntó Ediel. —¿No es obvio? —Emerson ironizó mirándome, pero la cara de su hijo demostró que no le hacía gracia. Hablaremos de la herencia, y no quiero comentarios sobre eso hasta que termine la cena. Al principio, todos empezaron a comer en silencio. Emerson pedía las cosas amablemente, pero nadie ignoraba cierta autoridad en sus palabras. Él quiso poner tema de conversación, habló sobre la última vez que me vio. Fue en la inauguración de un restaurante al que hice algunos cuadros con un tema basado en el vino. Creo que solo él y yo disfrutamos de aquella plática, tal vez Aslie también que hacía una que otra pregunta; los otros dos hermanos apenas si pronunciaron palabras. Terminamos de cenar y Olga fue la primera en abandonar el comedor para dirigirse al despacho, yo caminaba junto a Emerson y delante de nosotros Aslie y Ediel. —Estás algo nerviosa, Enngel, ¿acaso es por lo que tengo que contar? —dijo Emerson con diversión—; ¿Y tú, hijo, por qué estás nervioso? ¿Es por qué hablaremos de la herencia o por qué Enngel está aquí? «Oh, Emerson...» —No me arruines más la noche —pidió Ediel, su padre se carcajeó. —Lamento informarte que a eso voy, será así desde tu punto de vista. Entramos al despacho y Alfred estaba ahí parado como una estatua. Los hermanos se sentaron en el sofá más largo y yo en el de un solo puesto, Emerson tomó una silla del escritorio, pero no se sentó en ella. Nos miraba y sonreía con tristeza, tenía que ocultar su enfermedad. —Comenzaré, por expresar lo feliz que me hace ver a mi familia completa —inició Emerson. —Faltaría mamá —dijo Aslie ganándose la mirada desaprobatoria de todos. —Sé que no me consideran un padre justo, por eso quiero negociar la repartición de mi testamento, para así cambiarlo como mejor nos convenga a todos. —Es obvio que ese “todos” incluye a mi excuñada —comentó Olga. —No te equivocas, Olga —prosiguió Emer—. Soy el dueño de lo que tienen, a excepción de Enngel. —Me miró. —Harper y asociados es mío —intervino Ediel. —Tengo el 40% y tú el 50% soy tu socio, no tu empleado. —Emerson se puso más serio—. Déjame seguir, Ediel. Dejaré que Aslie se quede con las acciones que tenemos del colegio; la mansión y la casa de campo será dividida en cuatro partes iguales. Las ganancias del hotel en Manchester serán tuyas, Olga, fue tu idea. La mitad del Starlight es para ti, Enngel; y las acciones que tengo de la firma serán todas tuyas después de seis meses, Ediel, podrás decidir sin consultarme. Eso se los daré solo por ser mis hijos. —¿Qué pasará con todo lo que falta? —cuestionó Ediel mientras me miraba. ¿Acaso pensaba que me lo daría a mí? —Para eso tengo condiciones. También quiero decirles que me tomaré unas vacaciones a partir de mañana, no trabajaré más. —¿Entonces por qué me haces esperar seis meses para darme las acciones de la firma? —Porque serán de Enngel durante ese tiempo y si ella lo considera, podrá tomar decisiones. —Emerson… —hablé impresionada por su decisión. —Ella no sabe de leyes, ¿qué podría hacer en una firma? —afirmó Ediel. Emerson se sentó por fin, nos miró y continuó hablando: —Repartiré el dinero en cuanto partes, Olga y Ediel tendrán un porcentaje de 30%, Enngel se quedara con un 20% al igual que Alfred. Aslie tiene la herencia de sus abuelos, por lo tanto, no necesita dinero. La condición para obtener esa parte es vivir juntos en la propiedad Harper. Un mes fuera les hará perder la mitad y dos meses fuera les hará perder todo. Alfred se encargará de supervisarlos, la única condición para él es quedarse a hacer su trabajo. —¿Así que nos quieres obligar a convivir? —cuestionó Olga con ironía. —Quiero a mi familia unida. —No quiero que te sientas excluida, Aslie, pero si te doy dinero tendrás dos veces más que tus hermanos —aclaró Emerson. —Estoy muy bien con tu decisión, papito —aseguró Aslie con sinceridad. —Perfecto. Sabes que solo puedes majar el 60% de tu dinero, para usar la otra parte que es la que me debes tienes que cumplir con la norma de convivencia. —¿Y cuál es la condición para las propiedades? —preguntó Olga. —Emerson, dijimos que podíamos negociar lo de vivir en la mansión —me atreví a reclamar con calma. —Claro, puedes ir y venir si quieres, pero cada día que se pase fuera de la mansión a menos que esté justificado por trabajo, empieza el conteo regresivo. Guardé silencio. —Las acciones de la inmobiliaria y los hoteles se dividirán entre mis cuatro hijos. Serán partes iguales, podrán participar todos en las decisiones, pero solo tendremos presidente y vicepresidente al cargo. —Emerson nos miraba a todos—; quienes tomen los cargos deben estar casados. —Oye, papá… —se quejó Olga. —Solo así lo acepto. Aslie podría serlo, pero no creo que ella quiera hacerse cargo del puesto, sin mencionar que su esposo no me parece la persona más competente. Lo siento hija. —Emerson la miró, no conocí mucho a Owen, apenas si conviví con él tres o cuatro días—. Olga se puede casar y hacerse cargo del puesto junto a su esposo, o tú Ediel. —Hoy en día, ya nadie casa a sus hijos a la fuerza —protestó Ediel. —No los estoy obligando, les estoy dando una opción. Puedes buscarte un esposo Olga, pero tienes que trabajar como presidenta. —¿Qué pasa si no aceptamos esa condición? —cuestionó el mayor de los hermanos. —Mi hermano Ulises se hará carago de todo y se los devolverá sin condiciones después de dos años. —Emerson, sabes que el tío Ulises es el peor negociante que ha existido, arruinó su propia empresa dos veces. —Podemos darle una oportunidad o pueden usted evitar que eso pase con su patrimonio. Nos quedamos en silencio... —Ediel… —lo llamó Olga. —No acepto, no creo que dejes que el tío arruine por lo que has luchado tanto. A los tres meses tú mismo retomarás tu puesto —expuso Ediel. —Me retiro de verdad, Ediel. —Estás loco. —Y por eso es que no me da miedo hacer lo que estoy haciendo. —Emerson se puso de pie—. La convivencia empieza a partir de hoy, el plazo para asumir los cargos será máximo de —Miró por todo el despacho —... sí, ocho días. Tengo prisa. Los hermanos se veían unos a los otros. Emerson se acercó a Alfred con una sonrisa y murmuraban algo, yo desde mi puesto solo procesaba todo mientras pensaba en irme con Osle y darme un respiro. Luego, Olga le sugería a Ediel que se casara y se divorciara al pasar los seis meses, a Ediel no le hizo mucha gracia y molesto, le dijo que se casara ella; Aslie por su parte se veía más preocupada por la indecisión de sus hermanos que por los disparates que dijo su padre. ¿Por qué daba un plazo de seis meses si solo tenía tres meses de vida? ¿Me había mentido con el tiempo que le quedaba? No, mi querido Emer no lo haría. Tocaron la puerta del despacho y entró un joven con aspecto de vigilante, Ediel le preguntó que necesitaba, era su guarda espaldas. Emerson se adelantó a explicar que le pidió el favor de ser mi chofer esa noche, planeaba quedarme con Osle, ya que se iba al día siguiente. El chico se retiró para esperarme afuera, Ediel le dijo a su padre que Iker no estaba a su disposición, al mayor no le importó tal comentario y me dijo que el chico me acompañaría a mi salida con Osle. —¿Considerarás mi condición? —preguntó el padre al hijo—. Solo debo decirte, que al contrario de Olga, tú solos tienes una opción de esposa. Ediel me observó y juraba que me quería matar con la mirada. —Emerson… ¿No hablas de mí, verdad? — pregunté acercándome a él. —Dije que esto no te gustaría, pequeña Enngel. —¡No lo acepto! No quiero nada entonces… —dije casi enojada. —Ahora te haces la víctima —ironizó Olga. —Sí, es una locura, pero solo así podrán obtener la otra parte de la herencia y cumplir uno de mis últimos deseos. —¿Crees que podemos ser una pareja feliz? —Ediel movió la cabeza levemente. —Sé que la convivencia no será suficiente para hacer las paces, me gustaría que se dieran una nueva oportunidad, pero más que eso, deseo que arreglen las diferencias y puedan llevarse bien. ¿Piensas que moriré en paz sabiendo que mis hijos no se llevan del todo bien? Tú y Enngel, Olga y Aslie tampoco tienen la mejor relación, cúmplanme eso. —Solo nos jodes a todos, viejo… —Retomen su contrato matrimonial, pueden redactar nuevas cláusulas y obtendrán todo. Después, terminarán por arreglar lo que quedó inconcluso y la familia quedará más unida, lo sé. —Esta es la vida real, Emerson —señaló Ediel. —Él tiene razón. Además, yo tengo una vida y proyectos en la que esta locura no tiene cabida —declaré cerca de él. —El dinero nunca me ha llenado, menos ahora, pero mi familia sí. Es mi última voluntad. —No hables como si fueras a morir mañana —dijo Olga. —Mañana no, hija, pero ya tengo los días contados. —Papá, no hables así —rogó Aslie. Emerson, me puso la mano en el hombro y me miró, después dirigió la mirada a sus hijos y lo dijo: —Tengo una enfermedad terminal. Me quedan unos… seis meses de vida… Lo miré, su mirada me dijo que solo no quería preocuparlo más. Todos se sorprendieron a excepción de Alfred, que supongo ya lo sabía. Aslie pidió a su padre que no bromeara y él reiteró sus palabras. Olga se congeló a la vez que sus ojos verdes se cristalizaban; Aslie se acercó a su padre hecha un mar de lágrimas y Ediel no dijo nada, se quedó estático. Yo era muy sentimental, pero creía que una salida y unos tragos ayudaba a calmar la pena, por eso a pesar de la situación quería salir con Osle y respirar otro aire. Al final, Olga se acercó a Ediel y lloró en su hombro, pero Emerson no tardó en llevarla con él para decirle a su dos hijas que todo iba a estar bien y que solo quería disfrutar el poco tiempo con ellas, lástima que no serían seis meses, sino tres. —Tú lo sabías —me acusó Olga, ¿pero qué podía hacer yo? —; siempre lo sabes antes, ¿por qué no dijiste nada? —Vamos, cariño, no culpes a Enngel que ella no es la causa de mi enfermedad. —Emerson le masajeaba el hermoso cabello ondulado—. Iker está esperado por ti, Enngel, no quiero que termines llorando tú también, despídete de tu amiga. Salí del despacho y fui a la salida. Era mejor irme para que Emerson se desahogara con sus hijos; yo debía despedirme de Osle y liberar mi cabeza para tomar una decisión respecto a las condiciones de la herencia. El guarda espaldas me abrió la puerta del coche y cuando me iba a subir una mano me haló… —¿Te apareces ahora para esto? —preguntó un Ediel enojado. —¿A qué te refieres? —pregunté sin alzar la voz. —¿Apoyas a Emerson en esta locura? ¿Estás aquí por mí? —¿Perdón? ¿Crees que estoy de acuerdo con la locura de tu padre? —pregunté indignada. ¿Quién se creía que era? —. Si piensas que soy la Enngel de hace casi tres años estás equivocado, ni siquiera me acordaba que existías, Ediel Harper. —Pero has venido hasta donde estoy. —Pero no por ti, deja de pensar que eres insuperable porque no lo eres. Sus intensos ojos grises que era el único rasgo físico que compartía con su padre, me recorrieron todo el rostro, unos instantes después me soltó y se dio la vuelta.
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