La cena.

2179 Words
El brillo del sol, el perfume de las flores y la leve brisa de la primavera me abrazaban mientras caminaba por la calle de camino al hotel. Había llegado el día de la cena y quise comprar algo de ropa nueva. Era una actividad que disfrutaba más cuando, Osle me acompañaba, pero ella tenía que trabajar en línea, ya que se autootorgó algunos días. Imaginé que pronto se iría a York, yo esperaba irme pronto con ella. Si bien, York era más pequeña que Londres, a mi parecer era más hermosa y tranquila. Caminé por un rato más, no llevé el auto que Emerson me dejó prestado, porque Osle quería salir después de terminar su trabajo y ella sí que no estaba acostumbrada a andar en taxi. Detalles como esos, ella siempre los hizo por mí. El sonido de mi celular llamó mi atención y en seguida lo tomé, al ver quién me llamaba respondí un poco sorprendida, porque no me lo esperaba… —Hola, Oliver —saludé. —Enngel, ¡Oh, es un gusto verte! Acabo… No alcancé a escuchar el final porque las bocinas de los autos a mi lado se alborotaron con un sonido ensordecedor. —¿Oliver? No puedo escucharte… —Lo siento, los autos han enloquecido, Enngel. —Yo lo siento, Oliver —repuse. Escuché que le hablaban, él empezó a decirme algo que no entendí debido a que los autos empezaron a sonar sus bocinas de nuevo —. ¿Sigues ahí? —Miré la pantalla y la llamada ya había terminado. Quise pensar en la llamada, pero se me hacía tarde, a lo que continúe mi camino al hotel. “Me alegro de verte” más bien debió ser un: “me alegro de oírte” Osle siempre me decía que yo tenía un problema en tomar los términos siempre por su forma literal, pero que mejor que decir las cosas tal como son. Llegué a la suite y Osle estaba sentada en el piso con su computadora en el regazo. Llevaba pantalones de pijama y una gran camiseta con caricaturas: tal como la dejé. —¿Cuántas horas han pasado? ¿Por qué llegas tan temprano? —preguntó ella sobando sus ojos. —Llevo cinco horas afuera, ¿no te has levantado de ahí? —Pago las consecuencias por acumular trabajo —dijo, apartando la computadora —. ¡Oh, la cena! Ha llegado la hora. —Su humor cambió de repente. —Voy a arreglarme, no quiero hacer esperar a Emerson. Osle fue deprisa hacia mí y me pregunto qué había comprado. —Espero que haya sido algo cautivador, tienes muchos atributos, Enngel. —¿Para qué compraría algo que impresione? No voy con esa intención. —No me refiero que hagas que tu exesposo derrame la baba por ti, para eso yo te habría dado un vestido sensual. Quiero que vayas impresionante para que los hermanos Harper vean que eres una Enngel renacida. —Osle hacía mímicas con las manos a medida que hablaba. —Ya me verás cuando salga. —Caminé hacia el baño. —Tengo algo que decirte —me gritó por la distancia. En seguida, ingresé al baño y me di una ducha. Mientras me bañaba, lavaba mis dientes y me vestía, no dejaba de crear posibles escenarios sobre lo que dirían los hermanos Harper ante mi llegada: ninguno bueno, por cierto. Terminé de vestirme y fui con Osle para que me ayudara con el maquillaje, ella sabía más de moda que yo. Su estilo era muy variado, usaba de todo, mientras que, por mi parte, solía usar conjuntos de falda para ocasiones serias y el resto de mi closet se reducía a vaqueros y camisetas. Compraba ropa que me resultara cómoda porque me la pasaba encerrada en el taller. —Como te gusta, un maquillaje suave y natural. Y un poco de brillo. —Osle me pasó el espejo de mano —. ¡Os! Esto no es para nada desapercibido. Las sombras… parece que fuera a algún evento de modas. —Aparté el espejo quejándome. —Tenía que resaltar esos ojos color miel. Tus pestañas largas naturales, no he hecho gran cosa, así que levántate de ahí. Oculté las pecas que presumes y no tienes. —Me gustan… —Sí, pero hoy no las mostrarás —dijo —. Enngel, hablé con mi jefe —agregó con un suspiro. —¿Qué te ha dicho? —Tengo que regresar, tenemos que entregar el proyecto del mes pasado —dijo y yo asentí, sabía que eso pasaría —. Me tengo que regresar mañana, Enn. —Yo lo entiendo, Muñequita —dije con gracia evitando un ambiente triste. Osle empezó con su discurso de que no me libraría de ella tan fácil, prometió que volvería si yo decidía quedarme los tres meses que le quedaba a Emerson. Lo amaba, pero no quería vivir con los hermanos Harper, aunque después del secreto que Emerson me confesó el día anterior en el almuerzo, me llevó a considerar seriamente si quedarme, solo esperaba que las condiciones de la herencia no fueran descabelladas. Escuchamos que llamaban a la puerta y por la hora, estaba segura de que mi querido Emer llegó por mí. Me acerqué a la puerta para recibirlo, Osle tomó mi cartera y se acercó conmigo, ella tenía una sonrisa y yo suponía que era por volver a ver a Emerson, lo conoció el día anterior y la definición de: Abuelo anciano, quedó atrás para ella. Emerson la había impresionado bastante. Mi amiga era muy coqueta, era fácil para ella socializar con los chicos y salir con ellos, pero nunca iba más allá de un beso, esa era su manera de entretenerse con el género opuesto. Abrí la puerta y Emerson estaba ahí, con un fino traje de tres piezas en color azul oscuro, su cabello blanco bien peinado. Aún me sorprendía que tuviera el cabello tan blanco, no lo recordaba de esa manera hace nueve meses. —Buenas noches, Emerson —saludé con una sonrisa, él me veía de arriba abajo. —Te ves muy bien, pequeña Enngel. —Buenas noches, señor anciano Harper —saludó Osle con una sonrisa y abriendo más la puerta para que Emerson la viera. —Buenas noches, señorita Peterson. Creía que lo de anciano quedaría atrás, pero no me ofende si lo dice usted —dijo él con una sonrisa amable. —Me quedé con lo de anciano, pero dejé lo de abuelo. —Tal vez, el segundo me quedaría mejor que el primero. Ellos hicieron una carcajada mientras se miraban, ¿estaban coqueteando en mi presencia? Aclaré mi garganta y ambos fijaron su atención en mí, Os con una mirada recriminatoria y Emerson con una leve sonrisa. —¿Nos vamos? —dije a Emerson. —Desde luego, pequeña Enngel. —La quiero sana y salva —dijo Osle. —No me perdonaría que a ella le pasara algo, señorita Peterson —aseguró Emerson —. Es una pena, que no haya aceptado venir con nosotros. —Es algo familiar, después tendremos la oportunidad de una nueva cena —se excusó Os. —La familia Harper le debe una cena, téngalo por seguro. Emerson y yo nos fuimos. Llegamos a la mansión Harper. La fachada estaba igual, aunque los arbustos de los alrededores estaban más altos y parecían muros verdes. Si bien la familia no era de las más ricas del país, tenían gran reconocimiento en la ciudad, su empresa inmobiliaria y sus hoteles eran bastante conocidos y preferidos entre la sociedad acaudalada. Emerson se giró hacia mí desde su asiento, había llegado el momento de volver a la que fue mi casa y me puse nerviosa por ello. —Me enteré de que fuiste a ver al doctor, Johnson. Quedamos que lo de mi enfermedad quedaría ahí —me dijo. —Supongo que también te enteraste de que no pude hablar con él. Aunque me duela, Emerson, me gustaría saber qué es lo que te ha puesto en agonía —dije seria. —Eres muy obstinada. Iremos a ver al doctor, Johnson, mañana, y te lo dirá. Pero que sea un secreto entre nosotros, solo confió en ti. —¿Por qué en mí, Emerson? Tus hijos te ayudarían con todo lo que está pasando —No hay nada que se pueda hacer con mi enfermedad. —No hablo solo de eso… lo que me has contado ayer me ha impresionado, ¿por qué me confías esa carta a mí? —Entre mis hijos, tú eres la más completa. Aslie es empática, Olga es voluntariosa, Ediel es el líder, y tú tienes esas tres cosas juntas. —Esto suena a una locura, quiero ayudarte en todo. Lo haré siempre y cuando mi integridad no se vea afectada. —Vamos, entonces. Emerson se bajó, me abrió la puerta y me brindó su brazo para que enredara el mío. Caminamos hacia la entrada y de pronto, recordé cuando salí por esa misma puerta con el corazón roto. Aparté los pensamientos y continué con Emerson. Entramos a la casa y Alfred, el mayordomo, nos recibió. Era un hombre casi de la edad de Emerson, siempre vestía con su traje n***o, con saco de cola larga. Era muy callado y no se le veía teniendo una conversación larga con alguien más que no fuera Emerson. —¿Recuerdas a Enngel? —preguntó Emerson a Alfred, él asintió con una leve inclinación de cabeza —. Claro que la recuerdas, yo no permitiría que se olvidaran de una de mis hijas. —Buenas noches, Alfred — saludé. Él, fue una de las últimas personas que vi antes de partir de la mansión. Junto a Emerson andaban de aquí para allá. En realidad, los únicos que tenían una estadía estable en la casa, éramos Ediel y yo; los demás siempre salían de viaje y nunca se sabía cuándo volverían. —¿Están todos mis hijos aquí? —preguntó Emerson. —Sí, señor. Ahora mismo se encuentran en el jardín. —Ya casi es hora de la cena, diles que los espero en el comedor. —Señor, hay más invitados en la casa. —Apresuremos la cena para que se vayan rápido. —Sí, señor. —Alfred se marchó. Emerson no soltó mi brazo, pasamos por la primera sala para luego seguir al comedor. Noté algunos cambios en la casa; recordé que la primera sala, yo la renové totalmente por colores marrones y azules y ahora eran grises y dorado. El comedor, conservaba la misma mesa, mármol de 12 puestos, sillas blancas al igual que las paredes. La misión era de Emerson, aunque nos permitía vivir en ella, por eso no quise hacer muchos cambios. —Han cambiado algunas cosas, lo sé, pero me gustaban mucho más tus elecciones que las de Ediel. —No me lo imagino tomando decisiones de diseño —dije. Emerson hizo una carcajada y me retiró una silla junto a la suya —Entonces, démosle estos cambios a Aslie —habló tomando su lugar en la cabecera. —Suena más realista… —Tomé asiento. —¿Estás nerviosa por ver a Ediel? —No. Tú lo has dicho, nadie puede derribar a un Harper dos veces… —Pequeña, me haces feliz cuando dices que eres una Harper. —Si tú me consideras un miem… Mis palabras fueron interrumpidas por una Olga sorprendida que miraba desde mí hasta su padre, ambos nos pusimos de pie. Tras ella entró Aslie que también se mostró impresionada; más atrás una hermosa pelinegra que llevaba un vestido que le hacía resaltar una figura curvilínea; un joven alto y apuesto también entró al comedor, su expresión era de confusión, pero fue reemplazada por una sonrisa. El único que no ingresó fue Ediel, ¿dónde estaba? ¡Cielos! ¿Acaso estaba deseando que apareciera? Me regañé mentalmente, ¡No! Yo solo quería que esta noche avanzara rápido y salir con Osle. —Papá, ¿a qué se debe esto? —preguntó Olga. —¿Dónde está Ediel? —cuestionó Emerson —Lamento la tardanza… —Ediel entró al comedor arreglando su saco y se detuvo cuando fijo la vista hacia Emerson y yo. Ediel. Lucia tan él. —Al parecer ya estamos todos… —dijo Emerson —. Quiten esas caras, tomen asiento. Aparté la mirada que aún le sostenía a Ediel, tomé asiento, todos los demás se acercaron a sus respectivos puestos a excepción de mi exesposo. —¿Pasa algo hijo? —preguntó Emerson, Ediel no dijo nada, pero su expresión no era de felicidad —. Te daré un minuto. —Emerson se puso de pie y salió del comedor, seguido por su hijo. —¿Pasa algo? —cuestionó la chica pelinegra. —Claro, pasó algo llamado: Enngel Green —dijo Olga con la mirada clavada en mí. La chica que preguntó, hizo una cara de desconcierto mientras me miraba y el chico junto con Aslie también posaron sus ojos en mi lugar, haciéndome sentir incómoda ante tantas miradas. «Qué esto termine» pensé.
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