Jadeando, Maggie contuvo el aliento al subirse de inmediato a Nick. Fue un caos y un lío de extremidades mientras Nick deslizaba la silla completamente hacia atrás y hacia abajo mientras su madrastra lo montaba a horcajadas. Consiguió colocarse entre su hijastro y el volante tras solo tocar la bocina una vez.
Nick echó el respaldo de su silla hacia atrás mientras Maggie reía y arrullaba mientras se levantaba para besar a su hijo, y luego le daba de comer la cabeza dura como una piedra a sus húmedos labios vaginales. Mientras su madrastra se paraba a medias sobre él, sus pechos gruesos y pesados se derramaban sobre el rostro de Nick. Sintió su mano bombear fuerza en su m*****o mientras sus manos ahuecaban sus pechos, aplastándolos. Tomando sus pezones en la boca uno a uno, los recorrió con largas lamidas, sintiendo lo duros que estaban en su lengua.
El gemido que emitió mientras él le chupaba las tetas se convirtió en un grito estridente al agacharse sobre la gruesa y palpitante cabeza de su pene. Ladeó la cabeza, de modo que las puntas de su cabello le hicieron cosquillas en la frente a Nick mientras este le mordía el pezón. —Ahh... ahhh... oh, mierda...—, gritó Maggie mientras jugueteaba con la cabeza de su pene. Sus caderas rodearon su cabeza una y otra vez, descendiendo lo justo para que sintiera su calor cubriendo la cabeza de su pene, pero nada más.
La provocación se volvió excesiva cuando las manos de Nick se deslizaron hasta sus caderas y sus dedos se hundieron mientras presionaba su trasero hacia abajo y sentía su polla presionar lentamente dentro de su madrastra. —¡Oh, Dios mío!
Los muslos de Maggie se flexionaron y lucharon contra las manos de Nick que la tiraban hacia abajo. Bajó un centímetro y luego volvió a subir. Su coño se estaba acostumbrando al grosor de la polla de Nick. Pero el celo excesivo de la desesperada polla de Nick respondió a su vacilación con embestidas hacia arriba, provocando gritos agudos de los labios de su madrastra mientras ella arqueaba las cejas.
A Nick ya no le importaba; nada podía detenerlo. La constitución que sentía en su v***a y sus testículos era demasiado grande. Tenía que correrse. Con las tetas de su madrastra rebotando en su cara, gimió mientras sus dedos aferraban su grueso trasero. Al sentir su erección, Maggie se separó rápidamente de la polla de su hijo y Nick sintió cómo la cabeza de su polla se flexionaba, disparando chorros de semen por su ano y la zona lumbar.
Mientras su pene aún se flexionaba contra su trasero, Maggie se inclinó con las manos sobre el pecho de Nick y lo besó apasionadamente. El beso se prolongó varios minutos mientras ambos recuperaban el aliento. Finalmente, se sentó en su regazo y, tras intentar limpiarse un poco el trasero, regresó a su asiento.
Nick temía la incomodidad que vendría después, pero su madrastra mantuvo la conversación ligera, riéndose de lo grande que era su pene y diciendo que nunca había tenido un orgasmo tan intenso como con él. Nick sonrió y rió mientras los llevaba de vuelta al hotel. Solo tenían una hora antes de la hora de salida. Maggie tampoco soltó la mano de Nick. Sus pequeñas manos ahuecaron su palma y le hicieron cosquillas en la muñeca.
No fue hasta que aparcó el coche que se dio cuenta de que su m*****o se movía de nuevo bajo sus pantalones cortos. Los pechos de Maggie apenas estaban cubiertos por su traje de baño y acababa de pillarlo mirándola de nuevo.
—Sabes, tu padre no tiene previsto volver a casa hasta finales de la semana que viene... —sugirió su madrastra—. No se enteraría si nos quedáramos aquí el resto del fin de semana.
—Pero dijo que teníamos que regresar a la casa hoy—, se preocupó Nick.
—Si cambio las tarjetas de crédito a la que tengo a mi nombre, nunca se enterará—, dijo Maggie con una sonrisa maliciosa.
—Podrían ser nuestras pequeñas vacaciones secretas— Maggie se acurrucó en su asiento hacia su hijastro. Separó las piernas lo suficiente como para dejarle ver la mancha húmeda en la entrepierna de su traje. —Un fin de semana entero solo para nosotros.
La imaginación de Nick se desbocó con las posibilidades que se le presentaban durante los dos días siguientes, solo en la habitación del hotel con su madrastra. Una sonrisa a juego con la pícara de sus labios se dibujó en el rostro de Nick, y esa fue toda la respuesta que Maggie necesitaba, al parecer, porque se abalanzó de nuevo sobre su regazo, emitiendo un largo y agudo arrullo mientras besaba profundamente a su hijastro.
Maggie
El sábado parecía haber pasado casi tan rápido como había llegado. Maggie no podía contar las veces que se había corrido ese día y esa noche, pero solo sabía que estaba completamente embriagada por Nick. Todo en él era algo nuevo que ahora deseaba. Su forma de sonreír, su olor natural y cómo se mezclaba con el desodorante picante que usaba. Incluso lo poco que hablaba se convertía en una ternura que la obsesionaba.
Maggie recordaba sentirse incómoda estando sola con Nick cuando era más joven. Como buena oyente, siempre prefería la compañía de hombres conversadores a los que pudiera atender, o eso creía. Esa fue la mentalidad que la llevó a elegir a Jack en primer lugar y a tantos novios inapropiados antes que él. Pero ahora se preguntaba si había estado eligiendo a sus hombres basándose completamente en cualidades que no le convenían.
Esa tarde, mientras paseaban por el centro comercial, cuando Jack habría estado señalando cada quiosco quejándose de lo caro que estaba todo, Nick observaba en silencio y sonreía a todos los que pasaban. Sus ojos se fijaron en diferentes prendas. Al comer algo en la zona de comidas, charlaron sobre su especialidad y lo que pensaba hacer después de la universidad. Nick aún no estaba seguro, pero tenía muchas esperanzas de probar el levantamiento de pesas, si conseguía crecer lo suficiente. Maggie lo apoyaba.
Se habían despertado temprano esa mañana porque los sábados comenzaba su nuevo ciclo de levantamiento de pesas seis días a la semana. El gimnasio del hotel era de primera (una de las razones por las que Jack lo había elegido), pero aun así, no había suficientes discos para que Nick hiciera sus sentadillas y clean press, y Nick usaba todas las máquinas al máximo para entrenar. Maggie se reía disimuladamente desde la banda mientras hacía cardio al ver las caras de los demás hombres y mujeres del gimnasio. La gente paraba de entrenar para mirar y grabar a Nick, y este se ponía colorado de vergüenza.
Cenaron en un agradable restaurante en la playa y luego regresaron temprano al hotel. Nick debió de haber corrido tres o cuatro veces, lo cual era solo una fracción de las veces que Maggie lo había hecho. Recordó haberlo despertado cubierto de sudor que habían armado en la cama a altas horas de la noche y haberle provocado una erección por última vez esa noche. Nick casi dijo que no, que estaba muy cansado, pero los labios vaginales de su madrastra estaban tan resbaladizos y cálidos que no pudo. Maggie simplemente le dijo que se tumbara y se relajara, que ella se encargaría de todo. Cuando finalmente se desplomó sobre su pecho esa noche, el sueño que habían tenido fue profundo y largo.
Nick incluso durmió más de lo previsto, estaba tan agotado. La mañana del domingo empezó casi igual que la del sábado. Nick tuvo otro entrenamiento intenso en el gimnasio lleno de curiosos. Sin embargo, al regresar al hotel, Maggie oyó a Nick gruñir por un dolor en el muslo. Se sentó en el sofá, frotándose el muslo repetidamente.
—¿Calambre?— preguntó Maggie.
—Sí, no es malo, pero quiero detenerlo antes de que empeore—, dijo Nick.
—Ven, déjame—, dijo Maggie mientras se arrodillaba frente a él. Su piel aún estaba húmeda por el sudor del entrenamiento. Maggie sintió su tacto en las palmas de las manos mientras le frotaba los muslos y la espalda, cálido, y su olor corporal masculino, excitante. Durante minutos, le presionó los cuádriceps de arriba abajo mientras una sonrisa forzada se cernía sobre su entrepierna excitada y sus pechos voluminosos se movían frente a él.
Al sentir que las piernas de su hijo, duras y musculosas, se relajaban, las manos de Maggie se volvieron más tiernas y se deslizaron hacia la parte interior de sus muslos, desapareciendo en las aberturas de sus pantalones cortos deportivos. En poco tiempo, le bajaron los pantalones cortos y sus labios le erizaron el m*****o largo y duro. Una sonrisa maliciosa se dibujó en los labios de Maggie, como siempre que tenía una buena idea.
Sin dejar de acariciarle la polla a su hijastro con una mano, rebuscó en su bolso junto al sofá y sacó su celular. Con una mano, lo desbloqueó y revisó sus aplicaciones.
—¿Qué estás haciendo?— preguntó Nick.
—Toma —le entregó Maggie el teléfono con la aplicación de grabación ya abierta—. Grábame chupándote la polla.
Nick sonrió y rió, y sus mejillas se tiñeron de rosa. —¿Por qué?
—Así, cuando vuelvas a la escuela mañana, tendré algo para recordar este fin de semana.
—No... ¿qué pasa si mi papá…?
—Ocultaré el video, además él nunca usa mi teléfono, solo mi computadora portátil a veces, pero rara vez.
A regañadientes, Nick sostuvo la cámara sobre su pene en el regazo mientras Maggie sonreía y sus ojos se iluminaban. La punta de su pene se deslizó entre sus labios y ella emitió un gruñido de aprobación mientras deslizaba sus labios arriba y abajo por su m*****o. Sintiendo su pene golpear su garganta, sintió arcadas y hizo gárgaras con su pene mientras este salía y volvía a entrar.