Capítulo 6: Pasan los años y cada vez son más difíciles de lidiar II

1329 Words
—Voy a dejar que sigas viviendo tu sueño —respondió serio. Kylian odiaba que nos burláramos de su desgracia—. ¿Te imaginas cómo serían las cosas si yo no tuviera el problema en el corazón? —Sería millonario. —Yo creo que te estarías volviendo loco —respondí con media sonrisa— si de por sí, Kylian no sale de los encabezados y solo es modelo. Imaginate si fuera futbolista profesional. —Sería el mejor jugador de todos los tiempos. Kal y yo estallamos en una carcajada y me atrevería a decir que escuché la risa de mamá también. —Yo creo que te falla otra cosa —respondí sarcástico. Burlarme de mis hermanos siempre era un placer, incluso cuando sabía que su talento iba más allá, porque no había nada en este mundo que no haría por ellos. Pero nuestro orgullo era más grande para admitirlo en voz alta e insultarnos era nuestro acto de amor más puro. —Kal, haz tu asiento más enfrente, no quepo en el maldito espacio de este auto. Me quejé tratando de acomodar mis piernas en el pequeño espacio del Mercedes Benz de Kylian. Un auto muy bonito pero muy inutil para tres hombres que medían más de un metro ochenta. —Kylian, por favor arranca que vamos a llegar tarde —interrumpió mi madre mientras me retorcía en el asiento trasero buscando una postura cómoda. —¿Cómo vamos a llegar tarde a un lugar donde ya se nos adelantaron? Fruncí el ceño confundido mientras mi madre le volvía a dar una advertencia y Kal lo observaba con una mezcla de diversión y a la vez queja. Entender los acertijos de Kylian siempre era complicado. Sobre todo, su sentido del humor. —¿A dónde vamos? —cuestioné. —Al panteón —respondió, mamá tranquila. —No quiero ir. El cementerio era de los muchos lugares a los que no me gustaba ir. Lo odiaba. Era el lugar más triste e incómodo que podía haber, el silencio sepulcral junto con la vibra pesada me sofocaba. Además, no tenía la fuerza para volverlo a pisar y, ciertamente, Kylian tampoco. —No es pregunta, es orden. El tono amenazante de mi madre hizo que mi hermano encendiera y arrancara el auto sin respingar. —Kyle, ¿cuándo fue la última vez que visitaste…? —La voz de Kal resonó en todo el auto rompiendo el silencio que se había generado. Podía ver por el pequeño espacio frente a mí, sus hombros tensos bajo su chaqueta café e inmediatamente apreté la mandíbula irritado. —Tu sabes bien cuándo fue la última vez… Amaba a mi familia pero estaban cruzando mis limites. Era absurdo que mi hermano mayor hiciera esa pregunta, bien sabía cuándo fue la última vez que fui al panteón. Él me había acompañado. —No, no vamos al panteón… aún. Vamos a comer primero —expresó Kylian observando por el retrovisor. —Vámonos, antes de que Kyle se aviente por la ventana —dijo Kal. —Pasan los años y cada vez son más difíciles de lidiar —bufó, mi madre con los brazos cruzados sobre el pecho. El camino y la comida en el restaurante no aligeraban la presión que sentía en el pecho. La ola de sentimientos que me revolcaba cada aniversario comenzaba a caer sobre mí como brisa de verano. Era difícil no estar sentado en la misma mesa que mi familia y no pensar en las posibilidades. Papá siempre estuvo en nuestros pequeños grandes logros, fue él quien nos inculcó el amor al fútbol y quien nos enseñó a andar en bicicleta. Siempre hacía lo posible por acompañarnos a nuestros entrenamientos que su ausencia cada vez pesaba más con el paso de los años. Sinceramente, observaba a mis hermanos y no imaginaba cómo mi madre había podido sobrellevar ese duelo con tres hijos en plena adolescencia. Cómo podía vernos sin querer llorar porque claramente, cada uno tenía una característica, un sello personal de él. Kal podría parecerse físicamente a mamá, tener el cabello castaño y los ojos color miel de ella pero su personalidad, su manera de organizar y liderar todo era de mi padre. Kylian, era un caso especial, él había heredado el lado social, se había convertido en el alma de la fiesta, lugar que entraba lugar que animaba hasta al más amargado. De todos, él y yo éramos los que más parecidos teníamos, a pesar de ser dos años mayor nos llegaron a confundir como gemelos en varias ocasiones, con la única diferencia de que yo tenía los ojos azules. Yo había heredado los característicos ojos azules de mi abuelo y mi padre, tal vez esa era la razón por la que mamá rara vez lograba sostenerme la mirada. Aun así, nuestro cabello oscuro también era un rasgo compartido, la altura y hasta nuestra forma de caminar. A pesar de ser su hijo más pequeño, mi madre parecía tenerme cierto resentimiento o al menos de un tiempo para acá, para mi familia me había convertido en un rebelde ¿o era un instinto sobreprotector? —¿Cómo te sientes, Kyle? —preguntó, Kylian sacándome de mis pensamientos. Solté un suspiro, una pregunta muy ambigua para una simple respuesta— ¿Crees que la prensa te dejará descansar? —No lo sé… —encogí los hombros, mientras empujaba con el tenedor un chícharo sobre mi plato— Las cosas aquí son muy diferentes. —¿En qué sentido? —La gente y la afición son muy… intensos por así decirlo. Hablan y te critican cómo si fueras un objeto y no una persona —apreté el tenedor molesto—. Si en los partidos no tienes una actuación extraordinaria llegan los comentarios despiadados. Sin mencionar el desgaste físico de esta liga, las doble jornadas y los múltiples torneos. Es muy difícil poder encontrar un ritmo cuando la mente y el cuerpo están… agotados. Me enfurecía que los fanáticos y la prensa nos trataran como si fuéramos un robot. Como si no se nos permitiera sentir, mucho menos lesionarnos. Era impresionante la cantidad de odio que podíamos recibir. —El dolor es temporal —habló, Kal— Es por un beneficio. ¿Qué beneficio? quise decir pero solo respondí: —No lo creo —encogí los hombros intentando restarle importancia—. Creo que solo aprendes a vivir con él. —¿Tu crees que todo esto es por… ella? —preguntó mamá. Solté un suspiro frustrado. Odiaba que las conversaciones cambiaran de rumbo y girarán en torno a mí y mi situación. —¿Vinimos a que me cuestionen? porque en ese caso yo pudiera preguntar: ¿por qué mamá no volvió a salir con nadie? o ¿por qué Kal no nos ha presentado a su novio? o ¿el por qué Kylian sigue jugando fútbol a escondidas aún cuando le dijeron que no podía? Hacía más de diez años que papá había muerto y mamá aún era joven como para quedarse sola. Mi hermano mayor tenía tiempo comportándose extraño y sólo nos había dado a entender un par de veces que estaba saliendo con alguien, casi podía creer que no lo hacía porque le avergonzaba que no lo fuéramos a aceptar por el simple hecho de ser gay. Cualquier persona que hiciera feliz a mis hermanos, era bienvenida o bienvenido. Y sabía que Kylian seguía jugando porque la última vez terminó en el hospital y me llamaron a mí para poder darle de alta. El silencio en la mesa se hizo sepulcral, ninguno encontraba las palabras para romper esa tensión. Les di el beneficio de la duda y añadí: —Me encantaría poder seguir discutiendo mi vida —observé mi reloj de mano y me levanté dejando la servilleta de tela sobre la mesa— pero Bakú me espera. —Kyle —llamaron arrepentidos pero ya era tarde yo ya me encontraba en la entrada del restaurante tomando el primer taxi.
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