Capítulo 10: Punto bajo

1885 Words
—¿Estás seguro de que descansaste? —preguntó Chase a mi lado— Te ves peor que Memphis. Lo observé de reojo mientras me abrochaba las agujetas apresurado faltaba poco para que el entrenamiento comenzará mientras Keith ya estaba con el resto Memphis, Chase y yo éramos los únicos que quedamos en el vestidor. —¿Qué estás insinuando, Chase? —cuestionó Memphis frunciendo el ceño inconforme. ¿Castigo o halago? Aun cuando el nuevo corte de Memphis no era el mejor, su cabello en corte militar resaltaba más sus facciones lo que lo hacía parecer más fuerte y rudo. Sin embargo, no era el mejor estilo para él y entendía de dónde venía la burla de Chase. —Nada, solo digo que Kyle se mira terrible —respondió restándole importancia. —Es el rostro de alguien que todavía le cuesta dormir —respondí con media mentira. Esa mañana llegué a las instalaciones del club directo del aeropuerto con la misma ropa que el día anterior sin tiempo de cambiarme o tomar una ducha. Adolorido del cuello por dormir en el sofá del departamento con Estela, el lugar más incómodo para pasar la noche pero dormir en el piso no era mejor opción. Tristemente, cuando desperté de la mejor noche de mi vida en mucho tiempo, Estela no estaba, se había ido y por lo tanto no logré despedirme de ella. No me molesté en buscarla por más que mi cuerpo lo deseara, se me hacía tarde y aún así casi perdía el vuelo. Viajar en el primer vuelo que me permitiera llegar a tiempo al entrenamiento no había sido fácil, sobre todo cuando las pequeñas turbulencias me impidieron descansar en ese par de horas. Por mi aspecto cansado y las ojeras más pronunciadas todos pensaban que me había quedado dormido. Odiaba mentir, en realidad me consideraba un terrible mentiroso pero después de mucha práctica ya había perfeccionado mis habilidades y el remordimiento que causaba había desaparecido. En realidad, me parecía innecesario tener que llegar a ese punto, pero en los últimos meses decir la verdad se había convertido en reproches y consejos innecesarios. Así que un par de mentiritas piadosas no perjudicaban tanto si a cambio lograba tener tranquilidad. Los chicos me observaron con compasión y no preguntaron más. Dos horas después, el entrenamiento terminó de destruir mis pocas ganas de vivir. Las piernas me temblaban y la camisa se me pegaba al torso empapada de sudor, mi cabello húmedo como si hubiera tomado una ducha. Ni siquiera un partido tan intenso con tiempo extra me había fatigado tanto como el entrenamiento de hoy que a media rutina estuve a punto de vomitar si no hubiera sido por el pequeño descanso que nos dieron. Tal vez había sido la falta de sueño o lo fuera de forma que me sentía tras dejar de ser titular con el equipo lo que habían hecho del entrenamiento un infierno. De regreso en el vestidor, el olor agrio concentrado del sudor y el rostro enrojecido de Keith frente a mí sabía que el resto estaban igual de destrozados que yo. No era el único al que el cuerpo y las piernas le reaccionaba por inercia, a mi lado Memphis se dejó caer sobre la banca de madera en los vestuarios sin decir palabra alguna. Sentado frente a mi casillero me quité los taquetes y cerré los ojos de placer al liberar mis pies de esa pequeña caja que los sofocaba. —¡Estoy muerto! —se quejó Chase mientras abría su casillero para comenzar a cambiarse. —Ya somos dos —respondí maldiciendo entre dientes mientras intentaba quitarme la camiseta húmeda que se había adherido a mi torso como segunda piel. —¿Por qué creen que cambiaron el entrenamiento? —preguntó— No recuerdo cuándo fue la última vez que tuvimos un entrenamiento tan intenso. —Porque estamos en semifinales de la copa y la directiva quiere que la ganemos… —Memphis explicó, pero dejé de prestarle atención cuando tomé mi toalla y me dirigí a la ducha. Anhelaba con todo mi ser tomar una ducha caliente, comer y acostarme en mi cama por el resto del maldito día, pero aún quedaba la junta directiva previa al partido del fin de semana. Era una junta absurda, no era más que un recordatorio del itinerario, como nuestra hora de llegada al hotel o la hora de despegue de nuestro avión, una alineación titular provisional entre otras cosas que como profesionales ya estábamos acostumbrados. Cuando volví Keith aun seguía en el vestidor, el resto probablemente estaba en el comedor considerando que Memphis era muy estricto con su alimentación y sus horas de comida. En cambio Chase cumplía con su requerimiento pero nunca parecía exigirse más, inclusive Keith y yo pasábamos más tiempo en el gimnasio que él, pero Memphis siempre nos sobrepasaba en cuanto a disciplina. Me vestí en silencio con el uniforme de entrenamiento limpio e ir a comer, sin embargo a pesar de mi cansancio el apetito había desaparecido. A mi costado Keith subió un pie a la banca para abrocharse las agujetas y la pequeña cicatriz que cruzaba su rodilla izquierda llamó mi atención. Era la cicatriz de una cirugía, la cicatriz de un ligamento enmendado. —¿Crees que has tenido algún punto bajo hasta el momento? —pregunté rompiendo el silencio del vestidor. Me observó curioso, mi pregunta lo había tomado por sorpresa. Conocía a Keith desde que llegué al equipo y se había convertido en una gran red de apoyo, sin embargo, nunca había profundizado más allá de lo que la prensa o él dejaba ver. Sopesó su respuesta unos segundos, como si se hubiera teletransportado a aquel día. Al día que más le había dolido. —Sí, hace casi dos años cuando me lesioné —respondió y soltó un suspiro—. Creí que no iba a poder salir de ese hoyo n***o en el que caí. La recuperación después de la ruptura de un ligamento es la parte más difícil que nadie cuenta. Es estar en casa sin poder hacer mucho mientras inicias la dolorosa rehabilitación. Es controlar a la bestia del miedo y guardarla en una caja en lo más profundo de tu mente porque no controlarla y dejar que se escape puede ser aterrorizante —Hizo una pausa y continuó—. Si me preguntas, la recuperación física fue la más fácil porque el dolor físico es pasajero. En cambio, recuperar la confianza es desgastante, aprender a dar un paso sin miedo a que la rodilla te traicione, es un sube y baja. Ahora, a todo esto agregale la presión de la prensa donde todos especulan y te presionan, porque estadísticamente nadie vuelve a su nivel después de un ligamento roto... Confiar en ti sin auto sabotearte, es realmente la parte más difícil —confesó tranquilo, pero sus ojos azules se habían oscurecido en el dolor del recuerdo. Nunca me había roto algún ligamento, ni fracturado, solo una vez me había desgarrado el cuádriceps derecho y la recuperación había sido rápida dos o tres semanas. En cambio, las lesiones de ligamento donde la cirugía intervenía tardaban de seis a ocho meses. Eso en tiempo y en la carrera de un futbolista era un infierno; un castigo. Un ligamento roto era el terror de cualquier futbolista y la pesadilla de quienes la contraen. Era el recordatorio de cuán frágiles podíamos ser. —¿Cómo lograste salir de ahí? —pregunté curioso.. A mi parecer Keith tenía mucho talento que la lesión no había logrado opacar. Descubrir que él también tenía problemas con los comentarios de la prensa me hacía sentir aliviado e inclusive más empático. Porque vivir bajo la lupa del ojo público llegaba a ser agotador. Tanto su historia como la mía tenían algo en común, ambos estábamos pasando por tiempos difíciles y la prensa amarillista se había aprovechado de nuestras situaciones más vulnerables para crear dinero. Aunque yo aún sentía que me ahogaba con la situación, escuchar la historia de Keith me tranquilizaba un poco. —Honestamente, no tengo ni puta idea. Lo que sí sé es que ver a personas en situaciones similares a la mía ayudó mucho. Conocí a una chica en una de mis sesiones y verla me motivó a seguir adelante. Asistía a mis sesiones deseando coincidir una vez más… Nunca la volví a ver… —Se encogió de hombros restándole importancia mientras se ajustaba la camiseta, pero en el fondo aún le dolía— ¿Por qué la pregunta? ¿Cómo era que en nuestros puntos más bajos siempre había una chica de por medio? —¿Es normal que me sienta así a esta edad? ¿Triste y sin rumbo? —murmuré tragando el nudo en la garganta que amenazaba con quebrar la voz—. Me refiero a que trato de hallar el sentido, pero honestamente hay días que pierdo la fe… Después de Estela me parece imposible salir e intentar conocer a alguien más. A pesar de que todo mundo insiste en que lo haga porque aún soy demasiado joven y me queda una vida por delante… pero ¿cómo voy a pensar en un futuro si el futuro que deseaba… ya no está? —Limpié la lágrima que se había escapado. Nunca me había mostrado tan vulnerable frente a un amigo, siempre mantenía un perfil bajo o me hacía el fuerte para evitar sentimentalismos, pero Keith había abierto la puerta para que yo me expresara sin miedo a sentirme juzgado porque él también comprendía lo que se sentía estar en el limbo. Keith sabía lo que la presión de personas desconocidas podía causar. Porque él era el primero que me escuchaba sin regañarme o hacerme sentir culpable o recibir un sermón, a cambio, por primera vez me había atrevido a aceptar en voz alta que mi relación con Estela había terminado. Aun con el silencio que nos abrazó en el vestidor por unos segundos podía sentir el sabor amargo y cómo ardían esas palabras. —No hay edad para no sentirse triste —apretó mi hombro con suavidad en un gesto silencioso de apoyo—, a nuestra edad es normal cuestionarnos si estamos haciendo las cosas bien. Es verdad que nuestra profesión nos da libertad en algunas cosas pero también nos limita en muchas otras. ¿Te has preguntado a qué te dedicarías si no fueras futbolista? Guardé silencio incapaz de responder la pregunta porque nunca me había cuestionado y hasta hace unos meses seguía deseando ser futbolista, pero ¿ahora? la respuesta sonaba muy lejana a mí. »Tal vez podrías comenzar con esa pregunta. Volver a comenzar siempre es difícil, pero piensalo de esta manera; si has logrado comenzar en un nuevo equipo y un país diferente a pesar de las dificultades ¿qué te hace pensar que no volverás a encontrar el sentido y el amor? —añadió—: Venga, vamos con los demás ¡que muero de hambre! Solté un suspiro resignado, recobré la compostura limpiandome el rostro y lo seguí al comedor. Buscar o esperar una respuesta para encontrar el sentido podría ser muy desgastante y aun así alberga la esperanza de volver a Estela. Aun cuando no había logrado despedirme de ella esa mañana, esperaba que mi visita hubiera cambiado algo.
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