Tuve temor de pagar las luces de mi habitación;asi que decidí dejar encendida, aunque su luz era algo tenue, la lampara de noche que estaba al lado de mi cama, por si algo sucedía, pensé para mi mismo.
No sé cuantas horas habían pasado desde que me dormí, pero aún tenía el cuerpo apesadumbrado y los ojos cansados cuando escuche a lo lejos una voz que decía mi nombre: -Rafael, Rafael... Por un momento pensé que era mi madre, que me llamaba para que me levantara y vaya a la escuela, pero al sobre sentarme pude cerciorarme que la voz que emitía mi nombre era una voz suave, algo así como un cantico y distaba mucho de la voz algo chillona de mi mamá. Rápidamente me coloque el uniforme y me dirigí al baño a lavarme. Curiosamente, había un silencio inusual en el segundo piso de mi casa. Observé el reloj que colgaba en la pared del pasadizo y marcaba las 6:30 de la mañana; seguramente mi hermano y mis padres ya están desayunando, pensé; para variar se me había hecho tarde nuevamente.
Cogí los cuadernos que faltaban guardar en mi mochila y me apresuré en b<jar las escaleras, al llegar al comedor me di con la sorpresa que no se encontraba mi familia, la casa estaba vacía. Por un momento me asusté, pero luego caía en la cuenta que esa era su forma de castigarme: me habían dejado por tardón. Mi padre habría enrumbado a su centro de labores, llevándose a mi hermano en su auto para dejarlo de camino en la escuela, ahorrandole la caminata de casi cinco largas cuadras. Mi madre molesta por como la trate en la noche anterior, cogió su bolso y habría salido temprano a su trabajo, dejandome asi la tarea de ser responsable con mi mismo. Ese era mi castigo, debía ser más maduro y preparrae,m mis alimentos e ir a la escuela sin distracciones. Bueno no estaba tan mal el castigo, pensé, pudo ser peor. Además podía comer todo el yogurt con cereal que quería y la escuela no estaba tan lejos, siempre es bueno hacer un poco de ejercicio para estar en forma y caminar era una buena opción para lograrlo.
Después de beberme dos tazones totalmente llenos de yogurt con hojuelas, salí de mi casa rumbo a la escuela; fue entonces cuando el verdadero calvario inicio. Las calles estaban desiertas, no habían carros o personas transitando, corrí hacia la caseta del vigilante que cuidaba la calle donde vivía, pero tampoco había nadie ahí. Todo era muy extraño, di media vuelta y camine hacia el colegio, para darme ánimos comencé a repetirme que tal vez era un dia sin caos vehicular y sin el estrés de llegar temprano a todas partes. Avancé unos cuantos pasos cuando de improviso me topé con un muchacho de mi edad, llevaba puesto el uniforme de un colegio ubicado en la calle paralela al mío, pude reconocerlo por el color verde su pantalón
-¡Hey bro¡ ¿Has podido encontrar un buen lugar para esconderte?-nervioso y ansioso, el chico de pantalón verde me sacudió por los hombros esperando que de una respuesta a su dubitativa. Negué con la cabeza y el chico me miro haciendo una mueca que denotaba preocupación; ya antes de que pudiera preguntarle qué es lo que estaba sucediendo, salió despavorido gritando:-¡CORRE BRO, CORRE QUE YA VIENEN¡
En ese precios momento un ruido ensordecedor, estremeció toda la calle. alcé la mirada y ante mi asombro vi como una especie de gran nave espacial descendía de los cielos para aterrizar en medio de la pista. Me quedé pasmado, no daba crédito a lo que estaba sucediendo frente a mis ojos, pero lo que vino después fue totalmente inverosímil.
La puerta de la nave se abrió y comenzaron a bajar seres espeluznantes, como sacados de la alguna escena de video juegos o película de ciencia ficción. El que más llamó mi atención fue un hombre con cara de mono, con las extremidades cercenadas y reemplazadas por objetos en aparente estado de precariedad. Detrás de él ina una especie de pulpo cuyo rostro parecía una pantalla de televisor antiguo, quién al percatarse de mi presencia gritó:-¡Ahí hay uno de esos muchachos buenos para para nada¡- Quise correr pero al intentarlo mis pues fueron sujetos por una especia de soga que el horrible hombre mono me lanzó. Entre gritos me arrastraron hacia la puerta de la nave, me despojaron de mi mochila, cogieron mi celular para pbservcarlo con desdén y luego lo lanzaron hacia mi. Desesperado tomé el móvil, quise prenderlo pero mi intento fue en vano, simplemente no funcionaba.
Con algo que parecía una lanza, otros horrendos seres que al parecer fungían de guardias, comenzaron a hincarme para que me pusiera de pie y siguiera al hombre mono; al hacerlo pude percatarme que al igual que yo otros chicos y chicas escoltados por seudos soldados al parecer provenientes de otros planetas, se dirigían al igual que yo hacia el hombre mono. Reconocí en los uniformes de los chicos, que en ese instante al igual que yo nos habíamos convertido en presuntos prisioneros, los nombres de las escuelas que alguna vez compitieron con la mía en eventos deportivos, no pude dejar de pensar que ese día las escuelas estarían vacías y si alguien se preocuparía por nosotros.
Llegamos a un cuarto enorme, el cual se había dividido en péquenlas celdas con paredes metálicas. Entre la muchedumbre de adolescentes, escuché una voz familiar. Giré la cabeza hacia el lado izquierdo por encima de mi hombro y encontré el rostro de Franco, mi mejor amigo. A empellones venía abriéndose paso hacia mí. Cuando llegó a donde estaba me abrazó y como si fuera un niño de escuela elemental, comenzó a llorar desconsoladamente, mientras balbuceaba: -Bro, tengo miedo, ayúdame a salir de aquí- Intente calmarlo un poco, estaba realmente aterrador y su llanto además de desgarrador me ponía nervioso. Lo cogí por los antebrazos y mirándolo fijamente a los ojos, lo consolé diciéndole:-Hermano, te prometo que vamos a salir de este lugar, no te preocupes, peores cosas hemos pasado en el colegio.
Detrás de nosotros estaba un muchacho de cabello rapado y con una camiseta negra sucia, quien al escucharme hablar empezó a reírse con ironía. Lo observé detenidamente a manera de recriminar su comportamiento, dándose cuenta de lo que pensaba añadió:-No lo tomen a mal amigos, aquí no estamos necesariamente por ser los mejores hijos y estudiantes. Este lugar es una especie de castigo por no haber cumplido con presentar el trabajo de ciencias, no leer en la clase de comunicación y sobre todo por no haber hecho el mínimo esfuerzo por mejorar nuestra actitud. No sé si nuestros padres o maestros envían una especie de solicitud para que nos recojan y lleguemos a este extraño lugar, pero que acá estanos todos los que tenemos mas de un curso desaprobado en la libreta escolar, es cierto. Yo llevo acá un mes aproximadamente, he podido sobrevivir porque a pesar de ser demasiado flojo para los deberes, soy muy habil con los números y puedo calcular rápidamente cualquier operación matemática. Sin embargo las fechas de acontecimientos importantes o los nbom,bres de obras literarias son totalmente desconocidos para mi.
Mientras mas hablaba aquel muchacho, menos entendía loq ue decía, quise pedir mayor detalle a su explicación pero vinieron los guardias y empezaron a separarnos. Nos ordenaron que formáramos grupos con diez miembros, formados en lo posible equitativamente, cinco chicos y cinco chicas. A cada grupo nos metieron en una de esas celdas que observe al llegar a aquel lugar. Le pregunté a Franco, si alguien le había explicado que era todo eso, él solo meneo con la cabeza.