Capítulo 10 Le parecía, al final, que podía alcanzar el cielo con las manos Cuando Gaia llegó al embarcadero, encontró a Alessandro y Ercole, algo que le dio rabia. —Te había dicho que no le contaras a nadie —gritó apuntando a Alessandro con el dedo. —Pero… pero… —Trató de defenderse Alessandro. Ercole corrió en su ayuda antes de que la prima lo destrozara. —Alessandro no tiene nada que ver. Vine porque me lo sugirió mamá. —¿Qué? —preguntó Gaia. —Sí, ¿qué crees, que no sé nada? —Pensaba… —respondió Gaia. —¿Qué pensabas? ¿Que yo no sabía qué le estaba sucediendo a Elio? Lo sé muy bien. Le está pasando lo mismo que le ocurrió a Libero hace tanto. —Perdón, toda esta historia aún me parece irreal —se disculpó Gaia volviendo a su tono de voz habitual. —Entonces, ¿cómo son esas alga

