42 Eran dos las ocasiones en las que se había sentido igual de nerviosa: el día de su primer vuelo al lado del instructor Sneden, y el día de su primer vuelo en solitario. Con esos recuerdos en la mente, se sentó en la cafetería del centro comercial de Les Jardins Dorval, sosteniendo un chocolate caliente en su mano derecha y una dona con relleno de crema en la izquierda. Faltaban cinco minutos para las once de la mañana, hora en la que se debía encontrar con el señor Gordon. Su pantalón n***o, su chaqueta del mismo color, su blusa blanca y sus zapatos de tacón, le daban el aspecto de una mujer de negocios. Cuando se miró al espejo de la casa, antes de salir para su cita, pensó que estaba mirando la imagen de una mujer de veinte años. Había sonreído, sabiendo que esa aparente d

