20 A pesar de encontrarlo en una silla de ruedas, y de que su rostro diera la impresión de lucir un poco más delgado, a Valérie le pareció que el borracho de la casa azul no dejaba de ser un muchacho sumamente atractivo. No paró de fijarse en su rostro hasta darse cuenta de que Iván le estaba sonriendo, gesto que la llevó a detenerse súbitamente, y de tal manera, que no dejó de llamar la atención de su antigua empleadora. –¿Estás bien? –preguntó la señora poniendo suavemente su mano sobre el hombro de la joven muchacha. –Sí…, es que conozco a ese muchacho, y hace algún tiempo que no lo veía… El gesto de Iván no hubiese podido expresar mayor felicidad. Sin esperar a que la enfermera detuviera la silla, intentó ponerse de pie, solo para lograr que esta le pusie

