La muchacha de cabellos castaños observaba la ventana desde la mecedora de la habitación. Era un día cálido, no abrasador si no como un buen día de primavera. Su cama era demasiado tumultuosa para apaciguar su calor. Así que decidió cambiar su lugar de descanso a esa vieja silla, la cual le brindaba una vista diferente y frescura para sus pies, ya que estos tocaban el frio piso del cuarto. —¿Qué haces sentada allí? —Preguntó la mujer que entraba a la habitación. María no volteó a mirarla, sólo se quedó allí observando el cielo claro de aquella mañana. La mujer caminó hasta llegar a su lado, dejo una bandeja plateada con lo que parecía la primera comida del día sobre una pequeña mesita. —No deseo comer—Soltó la muchacha sin observar a la contraria. La mujer mayor soltó un bufido cas

