Mantenía su mirada fija, como si su vida dependiera de ello. Después de todo esa puerta era la única salida que tenía la habitación. James se quitó los guantes negros, soltó su cabello y se quitó la capa negra que tenía. Todo aquello de lo cual se desprendió, fue cayendo al suelo mientras él se aproximaba a ella con pasos lentos. María intentaba permanecer quieta por más ansias tuviera de correr, prefería mirar al frente y orar mentalmente para que ese hombre no le hiciera daño. Era como tener cautela en sus reacciones para que el perro rabioso no te atacara. De repente él se encontraba frente a ella, tan cerca que María podía sentir el olor que emanaba su ropa y el aliento caliente sobre su rostro. El hombre se quitó la mascara y con delicadeza le acercó una de sus manos hasta ros

