La sombra se movió cuando ella pronunció el nombre de su amiga. Estaba equivocada, aquella alta figura sobrepasaba la estatura de la dueña de la casa. No necesito encender la luz porque apenas él se puso de pie comprendió enseguida quien era. Podía reconocer esa sombra en cualquier lado, tanto como su misma sombra. James encendió la luz de una pequeña lampara de lectura apenas se puso de pie. Ambas muchachas observaron al de cabello moreno, este se encaminó hasta la castaña. Sus ojos la repasaron y observó que traía el vestido estropeado. Sus muñecas, palmas y parte del rostro parecían cubierto por un sutil polvo color grisáceo. No solo notó que parecía que se había revolcado en una de las calles de Londres, si no también que se sostenía de aquella muchacha vestida con harapos de hom

